María de la Paz Herrero 

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ACTUALIZADO: Miércoles, 15 de Octubre de 2025

En la era de la inteligencia artificial generativa, los creadores musicales enfrentan una amenaza inminente: el riesgo de perder una fracción sustancial de sus ingresos. Un estudio global reciente advierte que los músicos podrían ver amenazado hasta un 24 % de sus ingresos para 2028 si no se regulan adecuadamente los usos de la IA en la música. Este artículo explora los mecanismos detrás de esa predicción, sus implicaciones éticas y qué pueden hacer los artistas hoy para resistir.

La Confederación Internacional de Sociedades de Autores y Compositores (CISAC), en colaboración con la consultora PMP Strategy, publicó el primero estudio global sobre el impacto económico de la IA generativa para creadores musicales y de audiovisual. Según el informe, el mercado de contenido generado por IA pasará de unos €3.000 millones actuales a aproximadamente €64.000 millones en 2028, y con ese crecimiento, se estima que 24 % de los ingresos de los creadores musicales podrían estar en riesgo.

El documento destaca que los creadores sufrirían pérdidas en dos frentes:

    1. Uso no autorizado de sus obras para entrenar modelos de IA sin compensación.
    2. Sustitución económica de obras humanas por contenidos generados automáticamente que compiten directamente en plataformas de streaming.

Cómo la IA compite con los músicos: mecanismos y efectos

Para comprender por qué la pérdida puede ser tan significativa, hay que mirar a los mecanismos que la IA ya está activando:

    • Las obras existentes de artistas son utilizadas para entrenar modelos de IA, muchas veces sin permiso ni remuneración para los autores originales.
    • Las canciones generadas por IA, melodías, acompañamientos, voces sintéticas, compiten directamente con obras humanas en servicios de streaming.
    • Los modelos de recomendación y algoritmos de consumo pueden favorecer versiones más “baratas” o fácilmente replicables, relegando el valor humano.
    • Los ingresos vinculados a regalías y derechos de autor se ven erosionados cuando la participación humana disminuye o desaparece en el ciclo creativo.

El informe de CISAC proyecta que, en 2028, los contenidos generados por IA podrían suponer aproximadamente 20 % de los ingresos de streaming tradicionales y 60 % de los ingresos en bibliotecas musicales.

Ventanas de oportunidad y riesgos para los creadores

No todo es una amenaza: la IA también abre posibilidades. Pero el equilibrio es frágil:

Oportunidades

    • Herramientas asistidas de creación (mezcla, composición asistida) para ampliar la paleta creativa.
    • Nuevos modelos colaborativos humanos-máquina.
    • Generación de ingresos adicionales licitando música generada por IA con reglas claras.

Riesgos

    • Desvalorización de lo humano si la creación automática se convierte en norma esperada.
    • Brecha creciente entre artistas con recursos tecnológicos y quienes no pueden acceder a esas herramientas.

Pérdida de diversidad cultural si los modelos favorecen géneros dominantes o del “norte global”. Un estudio reciente señala que sólo el 14,6% de los datos usados en modelos musicales proviene del Sur Global, lo que refuerza la homogeneización cultural.

Modelos legales y marcos regulatorios para defender (o recuperar) ingresos

El estudio de CISAC insta a los gobiernos y legisladores a actuar ya. Algunas propuestas y líneas de trabajo:

    • Implantar licencias específicas que obliguen al pago por uso de obras para entrenamiento de IA.
    • Regulaciones de transparencia: que las compañías de IA deban declarar qué obras emplean y cómo, con mecanismos de control de atribución.
    • Derechos computacionales: modelos que asignen regalías automáticas a creadores cuando su trabajo haya formado parte del modelo.

Redefinir el “uso justo” o fair use en el contexto de la IA generativa para que no sea carta libre de apropiación sin compensación.

Qué pueden hacer los músicos hoy para no perder terreno

Aunque las leyes se demoren, hay estrategias prácticas:

    • Transparencia contractual: exigir cláusulas que prohíban el uso no autorizado de obras para entrenamiento de IA.
    • Diversificar ingresos: conciertos en vivo, mercancía, experiencias exclusivas.
    • Colaborar con plataformas que prioricen contenido humano o mixto, o que implementen royalties compartidos para IA.
    • Organización colectiva: unir fuerzas con sociedades de autores para presionar reformas regulatorias.
    • Educar al público: campañas que difundan el valor del acto creativo humano frente a la generación automática.

La IA generativa no es un riesgo abstracto: ya está transformando mercados, estructuras de ingreso y la lógica misma de la creación musical. Si no se establecen marcos legales claros, los creadores humanos podrían encontrarse desplazados por versiones digitales más baratas y reguladas por algoritmos.

El reto es doble: abrazar lo nuevo sin desmontar lo humano. Para ello, la justicia cultural exige que los derechos, la transparencia y la compensación vuelvan a ponerse en el centro del ecosistema creativo.

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