Hay artistas que pisan el escenario con una herencia clásica a cuestas y otros que lo hacen con una herida abierta. Y luego está Yaser Sánchez, que carga con ambas. Músico de formación rigurosa, cantante de ópera, psicólogo y creador escénico, su trayectoria se mueve con naturalidad entre la disciplina del conservatorio y la urgencia emocional del teatro musical contemporáneo. Lo suyo no es exactamente una carrera, sino una búsqueda constante de sentido.

Para quienes aún no te conocen, ¿cómo te presentas? ¿Quién es Yaser Sánchez?

Pues, soy un artista escénico multidisciplinar. Es verdad que mi formación principal, y desde pequeño, ha sido la rama musical, pero bueno, con los años he podido ir tanteando diferentes cosas. Y creo que eso enriquece mucho la perspectiva completa.

En tu formación artística, ¿te consideras autodidacta o has tenido una trayectoria académica formal?

Empecé a estudiar música en la Escuela de Música Municipal con seis años. Era una cosa como para chiquitines, que se llamaba «música y movimiento». Pero incluso ya desde antes de eso, mi familia me dice que, desde bien pequeño, tenía mucha fijación con todo lo que era música, los ritmos y cantar. Creo que el gusto por lo artístico lo llevo muy dentro desde pequeño.

Y nada, después de la escuela de música, ya empecé con 8 años a estudiar violín en el conservatorio, ese fue el inicio oficial, por así decirlo.

¿Qué papel ha jugado este instrumento en tu desarrollo musical y cómo crees que ha moldeado tu sensibilidad artística?

El violín me ha dado una muy buena base sobre la que cimentar el resto de los conocimientos. Toda las personas que tiene el mundo de la música clásica cerca sabe que el conservatorio, y específicamente las cuerdas frotadas, es un entorno muy disciplinado y metódico.

Entonces, creo que eso es precisamente lo que me ha aportado tanto el violín como mi paso por el conservatorio. Además del conocimiento teórico que he adquirido desde pequeño, el haber interiorizado y tenido esa disciplina desde temprana edad ha hecho que me enfrente a la carrera artística de forma diferente. Luego, es cierto que me permití ir por una rama un poco más bohemia, como es el canto, pero he mantenido esa perspectiva siempre de estar bien centrado.

Todos los artistas tienen un momento clave en el que la pasión se convierte en profesión. ¿Recuerdas ese instante en el que empezaste a vivir de tu arte?

Pues fue hace cinco años, más o menos. Fue realmente a través del canto. Es verdad que después he trabajado como violinista, pero mi primer trabajo artístico real fue a través del canto.

Primero empecé con un proyecto como colaborador: era un proyecto académico de recuperación de una ópera que nunca se llegó a estrenar en su momento, y fue un proceso de desempolvar la partitura y ponerla en marcha. Ese proyecto académico, al final, tuvo resultados muy buenos y nos llevó a los grandes teatros. Ahí fue cuando empezó mi carrera profesional, por así decirlo, aunque fue bastante pronto en mi formación de canto. A partir de ahí, me dije que eso era a lo que realmente quería dedicar mi vida: a la música escénica.

¿Qué lecciones o desafíos te dejó esa transición al mundo profesional?

Primero fue mucho miedo. Tuve que hacer mucho trabajo personal. El síndrome del impostor estaba ahí, pero también tuve que atreverme a decir no a cosas que, aunque eran buenas, no eran lo que necesitaba para mí.

Porque es verdad que, cuando llevas esa dinámica durante muchos años de participar en proyectos colaborativos que son parte de un aprendizaje, de repente me vi en la disyuntiva de decirme: “No, ahora solo trabajos profesionales”.

Ahí tuve mucho miedo, porque te escriben de proyectos que, aunque te apetecen, estás intentando seguir con esos principios, y a mí decir que no me generaba mucho, mucho malestar. Eran cosas que me apetecían realmente. Pero considero que, al final, si tú no pones el punto de inflexión, ese “de aquí en adelante nada más amateur, todo debe ser remunerado”, si no das ese paso, las cosas nunca llegan.

Al final estás permitiendo implicar tu tiempo y tu esfuerzo en cosas que no son profesionales y, si lo haces así, estas no van a acabar llegando.

Vamos a hablar un poquito de tu proyecto. Bajo las luces de Broadway es un proyecto que has creado junto al director Daniel Villa. ¿Cómo surgió la idea inicial?

Es un musical de guion propio que cuenta con las canciones de los grandes musicales de Broadway, pero adaptadas a esta obra.

En cuanto a cómo surgió la idea: nosotros ya teníamos un musical previo, que hicimos hace un par de años. Fue como el inicio de esta compañía. Pero el que tenemos ahora, Bajo las luces de Broadway, surgió a raíz de un concierto. La música que hay dentro de este musical ya estaba hecha.

Teníamos en este teatro, La Escalera de Jacob, programado un concierto solo de canciones típicas de musicales.

Posteriormente, fue el propio teatro quien nos contactó diciendo que les gustaba mucho nuestro material, que apostaban por el proyecto, pero que querían dar el paso a tener por fin teatro musical. Pero, claro, en ese momento lo nuestro era solo música.

Nos pusieron como condición, para programarlo, que debía tener un argumento, es decir, que fuera un musical.

El problema vino cuando solo nos dieron tres semanas de margen para crear la obra, ensayarla y llevarla a escena. Tuvimos que correr muchísimo con el proceso creativo. El guion, como concepto, nació entre mi compañero Dani y otra de las compañeras, María Petri.

Nos juntamos una tarde, hicimos un poco de brainstorming para ver qué se nos ocurría. Queríamos un argumento con gancho.

De esa reunión conseguimos destilar un audio de grabación de media hora con todas las ideas generales, y ya en base a eso fui yo quien comenzó a escribir el guion. Fue una semana intensa de escritura y adaptación de las letras.

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En este musical no solo interpretas a Pablo, sino que también llevas la dirección musical. ¿Cómo fue para ti compaginar ambos roles y mantener la coherencia artística?

Durante el proceso de ensayo sí fue una labor compleja. Es complicado corregir a los compañeros cuando formas parte del elenco.

El mayor reto fue en las canciones grupales, porque yo también cantaba en ellas, y en mitad del proceso de ensamble tenía que salirme para poder escuchar desde fuera.

Además, fue un proceso muy ajustado y con semanas de margen. Fue locura máxima. Pero una vez que llegó el estreno, todo el trabajo previo ya estaba hecho. Mi labor de director musical perdió peso. De vez en cuando sí chequeo que todo esté bien, pero es verdad que ahora mismo ya no me lleva mucho trabajo.

Para escribir el guion, ¿te has inspirado en tus vivencias personales como artista?

Pues hay muchos momentos vitales que yo creo que vivimos todos. Al final, en el argumento estamos acompañando la historia de Catalina, la protagonista. Ella vive situaciones que vivimos todos los artistas: como, por ejemplo, los “no” en un proceso de casting, que te traten como un número más, las oportunidades que llegan y de repente se esfuman, contratos que se cuelan por delante del nivel…

O sea, sí: son muchas experiencias propias y ajenas, comunes a todos los artistas.

De hecho, muchos artistas que han venido a ver la obra, del mundo de las artes escénicas, nos han dado mucho feedback y siempre nos dicen que se ven muy reflejados. Porque, al final, siempre en la vida todos nos enfrentamos a los mismos retos.

A nivel musical, ¿qué tipo de lenguaje predomina y qué emociones buscabais transmitir?

Es un musical con géneros muy variados. Precisamente esa era una de las ideas: retratar un poco toda esa riqueza que hay en el género musical. Entonces, tenemos un poco de todo.

Hay algunas canciones más clásicas, más líricas, que son más de lucir la voz; y hay otras que son diversión pura, que son más texto de la historia que música realmente.

Hemos intentado tener un poco de todo, para que a todos los públicos les pueda gustar la historia y puedan conectar con ella. Eso es lo realmente importante en nuestro musical: la música es más un medio para poder conectar con la historia de forma más profunda.

Me interesa mucho saber los pasos que ha seguido este proyecto desde esa primera idea hasta llevarlo a los escenarios. ¿Podrías contarnos los pasos que habéis seguido en la producción de Bajo las luces de Broadway?

Ya conocíamos a la gente del teatro, al estar previamente en cartel con el concierto musical que te comenté. Además, una de las compañeras, María Petri, ya había trabajado en este teatro con diferentes programaciones.

Nosotros, en verano, mandamos nuestro material a este teatro, y nos dijeron que no había huecos libres, que la temporada estaba completa. No sabemos muy bien por qué, supongo que algún proyecto se cayó, pero el teatro contactó con María Petri para decirle que estaban interesados en nuestro proyecto y que nos querían dentro. Eso sí: teníamos tres semanas para convertirlo en un musical.

Durante esas tres semanas ni siquiera les vimos las caras al equipo del teatro. Fue todo trabajo online o vía telefónica, con reuniones para hablar de las condiciones, las fechas, los huecos que había…

Tuvimos mucha suerte, porque nos dieron una franja horaria muy buena. Esto no suele ser lo común: a las compañías nuevas les suelen dar días peores. Pero nosotros estamos los viernes por la noche.

Una vez estuvo todo acordado por teléfono, empezamos con el proceso creativo: escribir el guion en una semana, luego comenzaron los ensayos, que teníamos solo otra semana, y por último diseñar las luces durante otra semana.

Al final, donde estamos nosotros es un teatro muy pequeño y, por tema de espacio, no da mucho margen realmente a que la producción escénica sea muy grande. Físicamente, en el teatro no cabe ni una banda de música, así que tuvimos que jugar mucho con la iluminación y la creación de diferentes ambientes sonoros, para situar al espectador geográficamente en lo que está pasando en la obra en cada momento.

De toda esta parte se encargó mi compañero Dani. Tuvimos un solo día para probarlo en el escenario y ver cómo quedaba. Porque, claro, no es lo mismo tenerlo en el papel, en abstracto, que llevarlo al teatro y ver los focos que tenían allí y cómo podíamos jugar con ellos. Fue una tarde entera de adaptación.

Al final ha quedado muy bien, pero es verdad que fue un proceso estresante, porque probar luces, focos, micrófonos… fue la misma semana del estreno.

Para quienes aún no conocen Bajo las luces de Broadway, ¿qué tipo de escenas, emociones y momentos especiales encontrarán los espectadores?

La obra está toda en clave de humor, es una comedia musical. Pero por encima de todo ese humor, todas las escenas tienen ese componente profundo.

Usamos el humor como un vehículo para que cale el mensaje. Pensamos que al espectador le entra mucho mejor la crítica cuando viene rodeada de risas.

Entonces, sí que hay bastantes momentos de crítica: sobre cómo funciona la vida artística, lo precario que tenemos a veces el trabajo… También se reflejan las situaciones tan poco humanas que vivimos los artistas de manera habitual, pero todo en clave de humor.

Entonces, bueno, es verdad que la gente no para de reírse, pero yo sé que también reflexionan.

Hacia el final sí que hay un momento más sensible. En la última escena tenemos un momento muy íntimo, muy reflexivo, muy de toma de conciencia, de apostar por los sueños y de hacer que todos tus actos sean verdaderamente significativos.

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¿Nos puedes develar el nombre de alguna canción?

Pues esto nos gusta guardarlo en secreto, para mantener el misterio y que la gente tenga el gusanillo ahí y quiera venir a descubrirlo en directo.

Pero sí puedo decir que no falta ningún clásico.

¿Qué personajes te acompañan dentro del musical? ¿Quiénes son tus compañeros de elenco?

Tenemos a la protagonista, Catalina, que la interpreta María. El resto somos multipersonajes, es decir, interpretamos a dos o tres cada uno durante toda la obra.

Los personajes principales de cada uno durante la obra serían: Catalina, el capitán del avión que no tiene nombre y lo mantenemos siempre con el título de “Capitán”, el mío, Pablo, y la villana, que es Catherine.

Es un elenco muy guay, no solo a nivel de personajes, sino a nivel de equipo. Estamos muy contentos con todos ellos porque son fantásticos, están muy implicados, son súper trabajadores.

Además, tienen ya experiencia en el sector: han estado en producciones muy grandes. Por ejemplo, María Petri ha trabajado en el Festival de Teatro de Mérida, también ha estado en musicales. Nuestra compañera Paula, que interpreta a Catherine, viene del mundo de la ópera y ya ha debutado como protagonista en óperas con papeles importantes de soprano.

Si tuvieras que describir el musical en tres palabras, ¿cuáles escogerías?

Pues es muy buena pregunta. Yo creo que lo principal, si tuviese que resumir, sería: una historia muy humana, con reflexiones muy emotivas y mucha diversión.

Tienes unas bases sólidas como cantante de ópera y ahora en el teatro musical. Desde tu experiencia, ¿qué diferencias técnicas encuentras al cantar en un musical respecto a una ópera?

Yo tengo la suerte de ser un hombre y digo esto porque la técnica vocal lírica en hombres no dista mucho, realmente, de la técnica vocal que se usa en teatro musical. Las mujeres, sin embargo, en lírico lo cantan todo de cabeza.

Por si acaso hay algún lector que no entiende de voz: tenemos voz de pecho y voz de cabeza. Los hombres usamos ambas en lo lírico, pero las mujeres usan la voz de cabeza. Es por esto que es más complicado para ellas cambiar de voz para cantar en los musicales.

Toda la técnica vocal lírica se centra siempre en crear mucho espacio dentro, que esté toda la musculatura relajada, que la voz suene lo más abierta posible, al final, hay que tener en cuenta que en el mundo de la ópera no usamos micrófonos: hay que llenar a pulmón salas de miles de espectadores.

Realmente, la diferencia que más me costó a mí con el musical fue justo esa: el tema del volumen, el poder permitirme sonar poco y que no sea un problema.

Hoy existen múltiples técnicas vocales, como el belting. ¿Qué técnicas vocales utilizas tú más a menudo según el repertorio?

Pues es un reto, porque al final mi formación más amplia ha sido en lírico, entonces mi musculatura se coloca directamente ahí cada vez que voy a cantar. Tengo que hacer un trabajo muy consciente para que eso no pase.

Por suerte, tengo una profesora de canto muy buena y he podido trabajar todo esto con ella. Es cierto, que el proceso previo fue un poco más complejo, porque hay que reeducar a la musculatura.

A nivel vocal, ¿cómo preparas tu voz para interpretar a Pablo en Bajo las luces de Broadway?

Yo tengo mi rutina habitual de calentamiento, que dura aproximadamente una media hora. La hago todos los días, tenga función o no.

En el caso de que tenga función con Pablo, lo que hago es omitir la última parte y realizar únicamente la primera, que son como unos 15 minutos.

Visualmente son muy feos y no son nada agradables de escuchar, porque no nos centramos en que sea bonito el sonido, sino en preparar toda la musculatura, trabajar su flexibilidad, el falsete y un montón de cosas.

Mi última parte de la rutina habitual siempre está centrada en ejercicios con la voz lírica, entonces para Pablo la omito, porque no la puedo usar, y me centro en los ejercicios más puramente anatómicos, por así decirlo.

Como director musical, ¿qué elementos clave has querido destacar en el trabajo vocal del elenco para lograr cohesión artística?

Pues yo puse mucho mimo en todas las canciones que no eran solistas: en los dúos, en los temas grupales, en el empaste vocal.

Siento que es una cosa que, en el mundo del teatro musical, no se cuida tanto como debería. Incluso en producciones gigantes, en las más grandes de aquí de España, siempre percibo que es un trabajo que no se hace correctamente. Y me da mucha pena.

Yo he cantado un montón de años en coros de ópera, también en zarzuela y en mucho repertorio coral, que en el mundo clásico sí se trabaja mucho.

Y es que hay una diferencia inmensa entre un grupo de personas cantando a la vez y un coro. Si no se hace ese trabajo de hilar fino, de empastar voces, de que los colores de las voces estén sincronizados, que todo esté bien… el resultado cambia muchísimo. Y es una pena, porque realmente lo bello de la voz en grupo es cuando todas las voces se unen en un solo sonido.

Por cierto, ¿hasta cuándo estaréis con Bajo las luces de Broadway?

Estaremos hasta junio, hasta fin de temporada. No sabemos aún qué pasará para la siguiente temporada.

¿Vais a ir con un nuevo proyecto o vais a mantener este?

Pues ahora mismo estamos en proceso de escritura. Falta la parte musical, pero estamos escribiendo un nuevo guion para un nuevo musical, esta vez con música original.

Ahora que tenemos tiempo para hacerlo, y no solo tres semanas, estamos trabajando el mismo equipo creativo. Yo ya tengo escrito el guion, y está pensado para que lo realice el mismo elenco.

¿Queréis que este nuevo proyecto lleve música en directo?

De momento, siempre que sean teatros pequeños, no es factible llevar música en directo, porque no hay espacio físico. Es una sala off, y es prácticamente imposible llevar músicos en directo.

Cuando consigamos, en algún momento, llegar a teatros más grandes, sin duda contaremos con música en directo. Por ejemplo, hicimos otro espectáculo anteriormente, Unión feliz, en un teatro más grande, y ahí sí tuvimos música en directo.

Es muy difícil para las producciones más nuevas llegar a teatros grandes. ¿No hay facilidades?

Es complicado, porque las compañías que ya están en esos teatros suelen tener su repertorio constante de nuevas obras que meten directamente.

Hemos intentado muchas veces llevar diferentes proyectos a teatros más grandes, pero es verdad que no es sencillo, porque te piden mucho material que, a lo mejor, no tienes. Luego, a veces, ni siquiera te responden.

Para los lectores curiosos: ¿cómo es un día en la vida de un cantante de musicales? ¿Qué tipo de rutinas sigues?

Empiezo siempre el día bebiendo mucha agua y la gente de canto que esté leyendo esto me entenderá. Si hay una cosa de la que somos esclavos los cantantes, es de la necesidad de agua constante.

Ya pasando de esto, que es un poco más anecdótico, sí suelo dedicar parte de todos los días a hacer cosas de canto. También trabajo como profesor de canto. Las mañanas, las dedico a mis alumnos, que los tengo de diferentes estilos: tengo algunos de lírico, algunos de musical, y tengo algunos incluso como más tirando al pop.

Cuando por fin llega el momento de la tarde, es el momento para mí. Ya sí puedo dedicarme a mi rutina: hago mi rutina entera de ejercicios vocales que te comentaba antes, unos 30-40 minutos, más o menos. Y ya me pongo a trabajar el repertorio que esté montando en cada momento, siempre que no tenga ensayos.

Por ejemplo, ahora estoy en pleno proceso de ensayos de la ópera Carmen, porque me voy la semana que viene de gira a Portugal. Entonces, ahora mismo tengo todas las tardes “esclavizadas” con los ensayos. Pero bueno, esa es mi rutina. Y luego ya, pues el ensayo o la función que tenga ese día.

Has trabajado en ópera, en zarzuelas y en teatro musical. ¿Qué aprendizajes te ha aportado cada género que hoy aplicas a tus proyectos?

¡Qué pregunta más interesante!

El mundo de la ópera me ha aportado también, un poco hilando con lo que te contaba antes de la parte de violín, esa manera analítica y metódica de enfrentarse al material en cuestión. Porque, bueno, al final, el género ópera, como es algo tan complejo, tan grande y tan medido todo milimétricamente, sí que me ha aportado esa necesidad de tener todo muy masticado y digerido. A veces creo que eso es un poco malo, porque es verdad que deja menos margen a la improvisación. Pero, bueno, sí me ha dado esa disciplina y el ser metódico.

El mundo de los musicales es todo lo contrario. Ha sido una buena terapia de choque: el verdaderamente permitirme jugar, permitirme improvisar en escena. Te hace estar siempre muy pendiente de qué te da el compañero en escena. Es verdad que en lo lírico no hay tanto de esto porque es todo mucho más cuadriculado.

Pero el musical sí me ha permitido explorar y aprender mucho. Me ha permitido salir a escena sin saber lo que voy a hacer y estar vivo en escena.

¿Cómo llegaste al mundo de los musicales desde la ópera?

Pues me llegó a través de personas cercanas a mi vida. Empecé a conocer amigos y gente del círculo que se dedicaban a ello y me permitieron conocerlo más desde dentro.

No son mundos tan diferentes como parece en un principio. De hecho, hay bastantes artistas líricos que tenemos un pie en el musical. En realidad, es algo bastante común.

¿Cómo ves el estado actual del teatro musical en España? ¿Notas evolución en la escena artística nacional?

Yo creo que en los últimos años estamos viviendo una expansión enorme respecto a los musicales en España. De hecho, Madrid es ahora mismo la tercera capital mundial dentro del género, solo detrás de Londres y Nueva York.

Ha habido un boom increíble. El problema es que ese boom en cuanto a cifras no va acompañado del mismo boom en cuanto a condiciones laborales. Están surgiendo sindicatos y mucho movimiento dentro del mundo artístico del teatro musical para lograr mejores condiciones. Porque es verdad que se exige cada vez más, a nivel de Estados Unidos o Inglaterra, pero no se cobra lo mismo. Sin ir más lejos, los músicos instrumentistas dentro del mundo del musical tienen unas condiciones nefastas.

Son empresas privadas y no tienen tanto margen de movimiento. Y siempre está el miedo de que las compañías y las productoras puedan tomar represalias.

Pero bueno, estamos en proceso. Yo creo que, de aquí a unos años, el avance de cifras se igualará con el avance que estamos esperando de condiciones y oportunidades.

Estamos en una fase de mucha variedad de musicales en Madrid. ¿Crees que esta burbuja explotará en algún momento o, por el contrario, que el público español va a seguir respondiendo?

No, yo creo que se va a quedar. Y de hecho, creo que va a seguir creciendo.

El público de a pie está cada vez más acostumbrado a consumir este género, que antes era un poco ajeno. Porque, bueno, El Rey León lleva aquí toda la vida, pero el resto de los musicales son bastante más recientes.

Entonces, creo que sí: se está creando más costumbre de ir al teatro a consumir teatro musical. Y cada vez más teatros ofertan esto. De hecho, se están construyendo ahora mismo en Madrid teatros nuevos. Casi cada año se están realizando o convirtiendo antiguos cines en teatros. Hay incluso una compañía española que está apostando por musicales originales, de formato español.

O sea, creo que sí: esta tendencia no se quedará como un evento aislado dentro de la historia musical en España.

El sector es muy competitivo, especialmente para los nuevos talentos. ¿Qué barreras crees que son más difíciles de superar actualmente?

Pues creo que la peor de todas es la incertidumbre. Estamos enfrentados a un estrés constante, a muchos rechazos, y hay que ser una persona con mucha fortaleza mental y con mucho trabajo personal hecho para no volverte loco dentro de este contexto.

Que bueno, no sé si lo he contado ya, pero además de artista también soy psicólogo. Entonces tengo esto como muy a mano, y sí creo que lo tengo bastante bien colocado a nivel cabeza para poder abordar todo esto.

Porque estamos constantemente recibiendo rechazos, críticas externas sin venir a cuento que muchas veces ni siquiera son verdad ni tienen razón quienes las dan, pero aun así te llegan.

Al final, todo lo que implique subirse a un escenario sea cantar, tocar, bailar, interpretar o lo que sea es exponer la parte más vulnerable de ti a las opiniones de gente desconocida. Entonces, bueno, es complejo.

¿Qué cambios o apoyos consideras imprescindibles para fortalecer el desarrollo del teatro musical y las artes escénicas en nuestro país?

Pues aparte de los cambios salariales, una cosa que sí se hace mucho en los países anglosajones y que en España todavía está empezando muy poquito a poco es el género off.

No sé si sabes lo que es: el teatro off se aplica mucho al teatro textual, pero está empezando ahora también en el mundo musical.

Son obras de pequeño formato, adaptadas a teatros pequeños, con pocos medios de producción escénica, pero que precisamente por eso son menos comerciales que las grandes producciones.

Permiten explorar más los límites narrativos, porque no están sujetos a los típicos clichés que sabes que van a funcionar seguro.

El teatro off, al ser pequeño, permite un registro mucho más experimental.

Entonces, tanto como artista como creativo, también te permite jugar, explorar, tratar temas que quizás no puedes llevar a un teatro grande.

Aquí en Madrid es algo que apenas existe. Creo que es la principal reivindicación que tengo presente, porque de momento me estoy dedicando al teatro musical más próximo al género off.

¿Cómo te influye tu formación como psicólogo en tu trabajo escénico?

Todo lo que escribo en mis guiones está muy influenciado por mi formación como psicólogo. Se nota en la forma en la que abordo los guiones y las tramas. 

También la psicología me ha ayudado mucho a profundizar en los diferentes perfiles humanos.

A mí me gusta poner en valor que, como artista, todo lo que hagas fuera del mundo artístico también te enriquece, y está lejos de ese concepto de que te aleja de los focos.

Por último, antes me has comentado que ya estáis sumergidos en un nuevo proyecto. ¿Te gustaría contarme un poquito más o aún no se puede desvelar nada?

Sí, claro. Te lo voy a contar a ti en primicia. Esto no está contado en ningún sitio todavía.

Estamos trabajando en un musical también off. Junto con mi compañero Dani, queremos llevar a escena los argumentos típicos de misterio policial y asesinato al formato musical. Nos parecían dos conceptos muy alejados y nos hacía especial ilusión intentar unirlos.

La historia es un poco Agatha Christie, ese típico argumento de: ha muerto alguien, tenemos varios sospechosos y todos los sospechosos tenían motivos; vamos a ver quién de ellos ha sido el detonante de todo esto. Es como un Cluedo con canciones entre medias. Yo creo que puede ser muy guay.

Por el momento, estoy muy conforme con el resultado y con muchas ganas de culminar el proceso creativo. Al final, lo que más me gusta a mí del proceso creativo es cuando ves todo tu trabajo en escena y cómo consigues que llegue a las personas.

Para mí, el fin último de mi trabajo escénico siempre es el otro, nunca eres tú. Y creo que esto es muy bonito: el dedicar tu tiempo, tu esfuerzo y toda tu formación a llegar a los demás, y ver por fin que funciona.

Cuando ves que la gente sale súper emocionada de la sala o cuando escuchas las risas genuinas. Algo tan natural como la risa no se puede fingir. Cuando ves a la gente emocionarse después de ciertas escenas más sensibles o cuando viene gente que conoces y te da feedback en persona después de la obra y te dicen cosas como: “Esta escena me ha roto por dentro” o “Me he quedado pensando en esta frase o en este monólogo porque he conectado con ella”.

Para mí no hay nada más bonito que ser capaz de despertar en las personas emociones tan intensas.

En escena, Yaser interpreta a Pablo. Cada compás de Bajo las luces de Broadway está empapado de su experiencia, su formación y esa lucidez que mezcla crítica y ternura. Lo suyo, como él mismo dice, no es tanto una carrera como “una búsqueda constante de sentido”.

A contrarreloj, sin orquesta, en una sala off y con el vértigo de crear desde cero, esta comedia musical esquiva los clichés del género para contar algo verdadero. Porque, como advierte Yaser, “todo lo que implique subirse a un escenario es exponer la parte más vulnerable de ti a las opiniones de gente desconocida”. Y aun así lo hace. Lo hacen.

Quizá por eso la obra funciona: porque está escrita desde esa frontera tan incómoda como fértil donde se cruzan la técnica y la herida. Donde un psicólogo que canta y escribe guiones decide preguntarse con música, con humor y con alma, qué significa, de verdad, vivir del arte.