María de la Paz Herrero
Texto
ACTUALIZADO: Martes, 23 de Diciembre de 2025
La irrupción de la IA generativa está reconfigurando el ecosistema creativo con una velocidad sin precedentes. Un estudio global coordinado por CISAC (2024) advierte que, en apenas cinco años, una parte sustancial de los ingresos de los creadores humanos podría desaparecer, desplazada por sistemas automáticos capaces de producir música, imágenes y obras audiovisuales completas. ¿Estamos ante la mayor transformación cultural desde la digitalización o frente a un punto de ruptura para la autoría contemporánea?
La aparición de la IA generativa no constituye simplemente una revolución técnica: cuestiona la noción misma de autoría. Según el Study on the Economic Impact of Generative AI in the Music and Audiovisual Industries publicado por CISAC y PMP Strategy (2024), el ecosistema cultural ha entrado en una fase en la que la creación automática rivaliza, en volumen, inmediatez y coste, con la creación humana.
Durante siglos, la idea de “autor” ha sido un pilar simbólico que reconocía la singularidad de la mirada humana. Ahora, modelos que aprenden de millones de obras preexistentes generan canciones, guiones, voces o imágenes en segundos. El estudio señala que esta convergencia plantea un desafío ético profundo: las obras utilizadas para entrenar modelos suelen proceder de catálogos protegidos por derechos de autor, pero los creadores no reciben compensación.
“La frontera entre obra humana y contenido sintético es cada vez más difusa. La IA no solo acelera procesos: interviene en la construcción misma del valor cultural” (CISAC–PMP Strategy, 2024).
Esta tensión no es nueva, ya ocurrió con la fotografía, el sampling o el CGI, pero por primera vez el automatismo alcanza a la creatividad estructural: música comercial, doblaje, animación, guion, ilustración, traducción. La pregunta ya no es “qué puede hacer la tecnología”, sino “cómo transformará aquello que entendemos como creación”.
El impacto económico que acelera la crisis: datos que no podemos ignorar
El componente sociocultural del fenómeno es inseparable de su dimensión económica. El estudio de CISAC es contundente: para 2028, la IA generativa podría canibalizar el 24% de los ingresos de los creadores musicales y el 21% de los ingresos de los creadores audiovisuales, en un escenario sin cambios regulatorios. Esto supone pérdidas acumuladas de 22.000 millones de euros en solo cinco años.
Las cifras son claras:
- En música, la IA generará un mercado anual estimado de 16.000 millones de euros en 2028, especialmente en streaming, bibliotecas sonoras y música funcional (CISAC–PMP Strategy, 2024).
- En audiovisual, el volumen será aún mayor: 48.000 millones, impulsados por UGC, publicidad, animación infantil y formatos de bajo presupuesto.
- Mientras tanto, los proveedores de IA, muchos de ellos entrenados con obras protegidas, podrían facturar más de 9.000 millones combinados entre música y audiovisual en 2028.
La paradoja es evidente: el valor económico migra hacia las plataformas tecnológicas mientras el trabajo creativo pierde terreno. Esto no implica un colapso del sector, pero sí un desplazamiento funcional: la IA no “ayuda” únicamente, sino que “sustituye” de manera creciente.
Música vs audiovisual: dos industrias, un mismo riesgo estructural
El estudio distingue claramente cómo afectan estas dinámicas a cada sector.
Música: el laboratorio perfecto para la automatización
- 30% de riesgo de pérdida en ingresos digitales: la música funcional, las playlists de mood y la distribución B2B son los segmentos más afectados.
- Las plataformas podrían incorporar pistas generadas automáticamente en lugar de obras licenciadas, reduciendo costes y diluyendo la presencia humana.
- Servicios como Suno o Udio introducen un nuevo modelo: oyentes que también producen contenido y desplazan al creador tradicional.
Audiovisual: el impacto más profundo en la cadena de valor
- Traductores y adaptadores: riesgo del 56% de pérdida de ingresos, el grupo más vulnerable del estudio.
- Guionistas: hasta un 20% de ingresos en riesgo por automatización de sinopsis, diálogos y estructuras narrativas.
- Directores y coautores: alrededor del 15% debido a la automatización de storyboards, visualización y montaje.
- La IA generativa ya sustituye contenidos de bajo presupuesto: animación infantil, vídeos educativos, publicidad y piezas breves para social media.
Esta brecha revela un patrón estructural: cuanto más fragmentada esté la cadena productiva, mayor será la exposición al reemplazo.
El vacío regulatorio global y la pregunta ética central: ¿quién se beneficia?
El estudio de CISAC subraya un hecho alarmante: la mayor parte de los modelos de IA se entrenan con obras protegidas sin consentimiento ni remuneración. La regulación internacional está desalineada y avanza a ritmos desiguales:
- EE. UU. carece de un marco federal claro. Las demandas contra OpenAI, Anthropic, Suno y Udio evidencian la falta de transparencia.
- Unión Europea: el AI Act obliga a publicar resúmenes de datasets, pero no soluciona la remuneración estructural de los creadores.
- Japón permite el uso de obras protegidas para entrenamiento sin posibilidad de opt-out.
- UNESCO insta a modelos éticos globales, aunque sin capacidad ejecutiva.
Más allá de la ley, el problema subyacente es moral:
¿Puede un modelo aprender de obras humanas para producir contenido que luego compite directamente con sus autores?
La respuesta determinará la sostenibilidad económica de toda la industria cultural.
Hacia un nuevo contrato creativo: cómo convivir con la IA sin perder la autoría
El estudio no plantea un escenario apocalíptico, sino la necesidad urgente de reformular el contrato social de la creación. La IA trae eficiencia, nuevos lenguajes y posibilidades híbridas que pueden enriquecer la obra artística, pero solo si el equilibrio económico y ético se mantiene.
Para creadores y profesionales, las líneas de acción pasan por:
- Reivindicar modelos de licencia justa para entrenamiento y outputs.
- Adoptar herramientas de IA desde la creatividad, no desde el reemplazo.
- Reforzar el valor narrativo y emocional: aquello que la IA no puede replicar sin copiar.
- Participar en la definición de estándares globales, no solo en su cumplimiento.
La pregunta no es si la IA va a formar parte del proceso creativo, sino en qué condiciones y bajo qué principios de valor, autoría y sostenibilidad.
El avance de la IA generativa abre posibilidades extraordinarias, pero también revela las fragilidades de un sistema creativo que lleva años tensionado por la precariedad digital. Según el estudio de CISAC y PMP Strategy (2024), el riesgo económico para músicos, guionistas, traductores y directores es real y cuantificable.
No se trata de una batalla simbólica contra las máquinas, sino de reequilibrar un modelo económico que, sin intervención, trasladará el valor desde los creadores hacia los algoritmos. Proteger la creatividad humana no significa frenar la innovación, sino garantizar que la inteligencia artificial conviva con aquello que nunca podrá imitar: la experiencia, la emoción y la mirada irrepetible del autor.
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