María de la Paz Herrero
Texto
ACTUALIZADO: Jueves, 23 de Octubre de 2025
Desde los grabados de Goya hasta los lienzos contemporáneos del proyecto Hunger, el arte ha sido faro visual para retratar el horror de la inanición. Este artículo repasa cómo las crisis alimentarias han inspirado obras icónicas y cómo, hoy, el hambre en contextos de guerra sigue siendo una denuncia urgente.
El arte ha acompañado el dolor humano desde que las sociedades comenzaron a registrar sus conflictos. La hambruna, aunque invisible en muchos mapas oficiales, encontró desde siempre su expresión en grabados, litografías, bocetos, pinturas y esculturas. Goya fue pionero en mostrar el sufrimiento cotidiano: en sus “Desastres de la Guerra” hay escenas donde el hambre se insinúa detrás del horror bélico, como aquella imagen inquietante donde planteaba la pregunta ¿de qué sirve una taza? como símbolo de lo imposible.
En el siglo XX, la artista alemana Käthe Kollwitz elaboró litografías y carteles expresionistas sobre el hambre en tiempos de guerra. Obras como ¡Pan! o Los niños alemanes se mueren de hambre denunciaban el sufrimiento silencioso como forma de muerte diaria y política.
Estas representaciones poseen fuerza simbólica: muestran no solo cuerpos flacos o rostros desolados, sino espacios vacíos, luz cruel y silencio impuesto. Así el arte convierte lo invisible en testigo visual del dolor colectivo.
Hambrunas históricas convertidas en arte testimonial
Un caso paradigmático es el proyecto Hunger de la artista Yona Tukuser. Nacida en Ucrania, desde 2009 investiga las hambrunas soviéticas (1921-23, 1932-33, 1946-47) mediante pintura basada en archivos y testimonios. Su obra “revela la tragedia de la inmoralidad y degradación de la humanidad como consecuencia del hambre físico.”
Durante la exposición en la National Gallery de Bulgaria, Hunger se presentó como proyecto interdisciplinar que “interpreta en sus pinturas las consecuencias trágicas del hambre en el siglo XX” al tiempo que dialoga con la guerra contemporánea en Ucrania.
Estas piezas no son meras reconstituciones: son memoria activa. En las composiciones se disuelven referencias fotográficas y pictóricas, generando una estética discreta pero persistente que implica al espectador al sumarlo en la historia.
Entre el presente y la urgencia: hambre y conflictos contemporáneos
La actualidad refuerza la continuidad de ese compromiso visual. En Gaza, el hambre no es solo consecuencia colateral de la guerra, sino denuncia viviente. Más de dos millones de palestinos enfrentan condiciones de “hambre inducida intencionalmente”, según expertos.
Según informes locales, en un solo día ocho personas han muerto por inanición en Gaza, entre ellas dos bebés, en el contexto de una hambruna declarada por la ONU.
Una fotografía tomada por Al Arini ha circulado ampliamente como símbolo del hambre extremo: “Lo fotografié en medio del hambre, el dolor y una grave escasez de leche de fórmula y pañales”, relata el autor sobre esa imagen del pequeño Mohamed (El País).
Así, en tiempos de conflicto activo, el arte y la imagen periodística se entrecruzan. No solo denuncian, sino que urgencia se convierte en estética: contornos borrosos, rostros hambrientos, espacios deformados.
la denuncia y la dignidad: cómo mirar el sufrimiento
Para curadores, artistas y académicos, algunos puntos resultan centrales:
- La representación del hambre requiere equilibrio entre denuncia y dignidad: evitar la estetización del sufrimiento.
- El uso de memoria histórica (como en Hunger de Tukuser) permite construir puentes entre pasado y presente, impidiendo que las tragedias se repitan inadvertidas.
- En contextos contemporáneos, el arte visual colabora con la acción humanitaria: imágenes que informan, conmueven y exigen acción.
- La responsabilidad curatorial exige contextualizar con datos reales y apoyar voces locales para que el habla visual no sea impuesta desde fuera.
Al final, el arte no salva del hambre, pero deja constancia de su huella. Desde los grabados ennegrecidos de Goya hasta los lienzos pálidos de Yona Tukuser, cada obra que ha mirado la barbarie de frente nos recuerda que la memoria es una forma de resistencia.
Cuando los sistemas fallan y las cifras reemplazan a los cuerpos, el arte sigue siendo uno de los pocos lenguajes capaces de traducir el horror sin volverlo espectáculo. En tiempos de imágenes infinitas y desinformación, mirar con conciencia, no solo con empatía, se convierte en un gesto político.
Porque el hambre no es un tema del pasado, sino un espejo del presente. Y cada trazo, cada fotografía, cada acto de representación ética contribuye a mantener vivo lo esencial: la obligación de seguir viendo cuando el mundo prefiere cerrar los ojos.
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