María de la Paz Herrero 

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ACTUALIZADO: Lunes, 20 de Octubre de 2025

La inteligencia artificial entra al Festival de Cine de Sitges con Singular, el nuevo thriller de Alberto Gastesi que pone en tensión lo humano frente a lo replicado. En esta película, la pérdida familiar y la memoria se entrelazan con protocolos algorítmicos, abriendo preguntas profundas sobre identidad, duelo y tecnología. Este estreno marca un cruce relevante entre cine español y debate tecnológico internacional.

Singular es el segundo largometraje del director vasco Alberto Gastesi, tras su ópera prima Gelditasuna ekaitzean (2022). La película se proyecto en la Sección Oficial del Festival de Sitges 2025, consolidando la presencia del cine español en el ámbito del fantástico.

La trama combina drama íntimo y dilema tecnológico: Diana, una experta en inteligencia artificial, regresa junto a su pareja Martín a la casa familiar tras la muerte de su hijo. Allí aparece un joven idéntico al niño fallecido, lo que abre una grieta entre la razón y el duelo, entre lo humano y lo artificial.

Gastesi explicó que la película se construye sobre la pregunta “¿somos sustituibles?”, una reflexión que atraviesa tanto el relato como su estética. En sus propias palabras:

“La inteligencia artificial ha llegado a nuestras vidas mucho antes de lo pensado. La ciencia ficción subyace bajo este thriller no en la imagen, sino en la mirada.” (Audiovisual451)

El director reconoció que levantar un proyecto de ciencia ficción en España fue un reto en sí mismo:

“Nos decían que no lo íbamos a conseguir, que era imposible producir una película así aquí y lo hicimos.”

Estas declaraciones sitúan a Singular como un ejemplo del nuevo cine español de autor que se atreve con lo tecnológico sin perder su raíz emocional: una apuesta por mirar a la inteligencia artificial no solo como amenaza, sino como espejo de nuestra propia fragilidad.

Ciencia ficción española: riesgos, recursos y audacia

Llevar una historia sobre inteligencia artificial al cine español sigue siendo un desafío, no tanto por el uso técnico de la IA en la producción, sino por el riesgo de adentrarse en un género poco explorado dentro de la industria nacional. Gastesi ha reconocido que durante el proceso escuchó con frecuencia que “una película así aquí no se podría hacer”, pero el equipo lo logró a base de convicción y realismo técnico.

El reto principal fue hacer creíble la presencia de la IA dentro de un relato humano, sin recurrir al efectismo visual. Como explicó el propio director, la ciencia ficción en Singular “no está en la imagen, sino en la mirada”, una forma de explorar lo tecnológico desde la emoción y el conflicto interior.

En ese sentido, Singular representa un paso firme hacia un cine español que se atreve con la especulación científica sin perder su identidad emocional: un cine que piensa la tecnología desde el cuerpo, la memoria y la pérdida, no desde la espectacularidad digital.

IA, memoria y réplica: qué nos dice la duplicidad contraída

El corazón de Singular se halla en su dilema ético: ¿qué sucede cuando una inteligencia artificial recrea (o imita) lo que se ha perdido? ¿Puede el espectador distinguir entre un ser y su réplica? La película opera en ese intersticio, donde la memoria y el duelo se inyectan en lo replicable.

Este tipo de temáticas no es nuevo en el cine: obras como Blade Runner, Ex Machina o Her ya exploraron la replicación humana, la conciencia y el límite entre lo natural y lo artificial.

Sin embargo, Singular introduce un giro: no se trata solo de una IA ambiciosa, sino de una IA que refleja un trauma humano. Ese espejo emocional es su ancla dramática. Diana programa un bucle en su IA que “es reflejo de lo que vive el personaje”, afirmó la actriz Patricia López Arnaiz.

En este sentido, la película se ubica en la tradición ética de la IA en el cine, pero lo hace desde un prisma íntimo, menos distópico y más emotivo.

Ética, control y confianza: ¿hasta dónde dejar que la tecnología actúe?

La inserción de la IA en el cine no puede prescindir de debates éticos riguro­sos. Un estudio reciente titulado Balancing Creativity and Automation: The Influence of AI on Modern Film Production and Dissemination advierte que el cine debe gestionar la relación entre automatización y creatividad humana, definir límites claros de control y mantener la autoría intacta frente al uso de algoritmos.

Otro enfoque relevante indica que una IA verdaderamente “confiable” debe cumplir requisitos técnicos y sociales: legalidad, ética y robustez, todo dentro de un ecosistema donde el actor humano y la máquina coexistan, no compitan.

En el contexto audiovisual, la noción de IA ética incluye transparencia (que la audiencia conozca cuándo se usó IA), responsabilidad (quién responde por fallos o sesgos) y consentimiento (si se recrea la imagen o voz de alguien). 

En el caso de Singular, cabe preguntarse: ¿en qué medida la réplica puede tener voluntad propia? ¿Dónde termina el código y empieza la singularidad del sujeto? Estas preguntas no solo son narrativas, sino también filosóficas.

Sitges como laboratorio: cine fantástico y frontera tecnológica

Que Singular se estrene en Sitges no es azar. El festival ha sido un escenario clave para el cine fantástico y las propuestas que mezclan lo emocional con lo sobrenatural o lo tecnológico. En 2025, Sitges exhibe varios títulos con tecnología avanzada, IA o futuros híbridos, lo que sugiere que Singular dialogará con obras contemporáneas del género en su programación oficial.

Este tipo de exhibición convierte al festival en un laboratorio de ideas: un espacio donde el público y la crítica se enfrentan a los límites narrativos de lo humano ante lo artificial. La recepción que tenga Singular puede marcar un punto de inflexión para que más cine español apueste por historias tecnológicas con radar emocional.

Singular representa un momento simbólico: la tecnología entra al cine español desde la emoción, no solo desde el espectáculo. Su paso por Sitges puede ser más que un estreno: puede ser una señal de que la IA ya no es solo materia de ciencia ficción lejana, sino una herramienta íntima de exploración cinematográfica.

Para la comunidad artística es una invitación: atender no solo al cuento tecnológico, sino al latido humano detrás del algoritmo. Observemos su recorrido, debatamos sus márgenes éticos y dejémonos perturbar por la pregunta: si reconstruir lo perdido altera lo que somos, ¿cómo narramos el equilibrio entre lo replicable y lo irreemplazable?

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