danza

María de la Paz Herrero 

Texto

ACTUALIZADO: Jueves, 18 de Septiembre de 2025

Un reciente meta-análisis confirma que bailar no solo es arte y diversión: también mejora la memoria, reduce ansiedad y depresión y estimula la neuroplasticidad. La danza emerge como una herramienta terapéutica para jóvenes y mayores, con beneficios incluso en párkinson y alzhéimer.

Según un artículo de El País, que recogía las conclusiones de un meta-análisis liderado por la Universidad de Sídney, bailar puede ser tan eficaz como el ejercicio físico para mejorar la salud mental y cognitiva, e incluso superarlo en motivación y beneficios emocionales. El estudio revisó 27 investigaciones con casi 1.400 participantes y demostró mejoras claras en memoria, atención y estado de ánimo.

Los resultados mostraron:

    • Reducción de ansiedad y síntomas depresivos.
    • Mejoras en memoria, atención y función ejecutiva.
    • Mayor motivación y compromiso que otras actividades físicas.

La danza es tan eficaz como el ejercicio físico para mejorar salud mental y cognición, y en algunos aspectos lo supera.

¿Por qué bailar ayuda al cerebro?

Bailar es una actividad multisensorial: exige coordinar movimientos, escuchar música, memorizar pasos y mantener el equilibrio. Esa combinación activa múltiples áreas cerebrales.

La ciencia ha comprobado que durante el baile se liberan endorfinas, serotonina y dopamina, responsables del bienestar y la motivación. Además, el movimiento estimula la producción de BDNF (factor neurotrófico derivado del cerebro), proteína clave para la neuroplasticidad.

En estudios de neuroimagen, personas que bailan de forma regular mostraron mayor volumen en regiones vinculadas a la memoria, como el hipocampo. Es decir, la danza no solo fortalece músculos: también remodela el cerebro.

Comparativa con el ejercicio físico

Un entrenamiento de baile puede equivaler a una sesión de cardio o equilibrio, pero aporta algo extra: beneficios cognitivos y emocionales más pronunciados.

El meta-análisis australiano observó que programas de baile en grupo redujeron más la angustia y mejoraron la memoria con respecto a rutinas de fuerza o resistencia. Además, la adherencia es mayor: la gente abandona menos el baile que el gimnasio, porque lo vive como un momento lúdico y social.

En palabras de la neurocientífica y bailaora Ana Belén López-Rodríguez: “Si hay disfrute, hay motivación y compromiso. Y eso garantiza beneficios a largo plazo”.

Casos prácticos: del párkinson al TDAH

La evidencia no se queda en los laboratorios: programas reales demuestran el poder del baile.

    • Párkinson: talleres de tango-terapia han mostrado mejoras en equilibrio y agilidad, además de reforzar la confianza y reducir el aislamiento. Un participante lo resumió: “Cuando bailamos, dejamos de sentirnos pacientes para sentirnos personas en movimiento”.
    • Alzhéimer: en Barcelona, el proyecto Dit-Dit llevó sesiones semanales de danza a pacientes con demencia. Los resultados incluyeron mayor estabilidad, coordinación y bienestar emocional, además de ilusión por volver cada semana.
    • TDAH: en escuelas, la danza urbana y creativa ayuda a niños con dificultades de atención a canalizar su energía, mejorar la concentración y aprender a trabajar en equipo.

Estos ejemplos confirman que la danza es más que ocio: es una herramienta terapéutica accesible y motivadora.

Voces de la ciencia y del baile

Alicia Fong Yan, autora del meta-análisis, subraya que el baile es “una herramienta valiosa para combatir la depresión y el sedentarismo”. López-Rodríguez añade que disfrutar del baile “puede contribuir al tratamiento de la ansiedad o la depresión al cortar pensamientos rumiantes”.

Los testimonios de pacientes y bailarines coinciden: bailar despierta emociones, crea comunidad y devuelve sensación de autonomía. Es la prueba de que los números de la ciencia se traducen en vidas más plenas.

La danza ya no debe verse solo como espectáculo: es actividad preventiva y terapéutica con base científica. En un futuro cercano, no sería extraño que los médicos receten clases de flamenco o salsa junto a los paseos diarios.

Integrar el baile en políticas públicas, programas escolares y centros de salud puede ser clave para combatir estrés, soledad y deterioro cognitivo. Porque cuando la música empieza y el cuerpo se mueve, no solo bailamos: también sanamos.

¿Quieres seguir descubriendo cómo la danza está transformando la salud y el bienestar más allá de los escenarios? Suscríbete a la newsletter de ARTISTING para estar actualizado.

Newsletter

Al hacer click en el botón confirmas que has leído y aceptas los TÉRMINOS Y CONDICIONES y la POLÍTICA DE PRIVACIDAD de ARTISTING SL.