María de la Paz Herrero
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ACTUALIZADO: Martes, 30 de Septiembre de 2025
La devolución de arte expoliado ya no es un debate académico: está ocurriendo en museos europeos y empieza a llamar a la puerta de España. Países Bajos entregó recientemente 288 piezas a Indonesia; Francia retornó objetos a Benín y Senegal; y nuestro país anunció en 2024 la revisión de sus colecciones estatales para “superar el marco colonial”. Descolonizar el arte se ha convertido en un tema central para la memoria cultural del siglo XXI.
El concepto de “descolonizar el arte” abarca mucho más que devolver objetos: implica revisar el modo en que se construyeron los museos modernos y reconocer que buena parte de sus colecciones se formaron bajo el contexto de saqueo, expolio o adquisiciones asimétricas en tiempos coloniales.
La restitución es, por tanto, un acto de reparación histórica. A la vez, abre un debate incómodo: mientras algunos curadores defienden que los museos europeos custodian un “patrimonio universal” de la humanidad, cada vez más gobiernos, académicos y comunidades reclaman que las piezas regresen a su lugar de origen, no como préstamos, sino como parte de una justicia cultural largamente postergada.
Casos emblemáticos de restitución en Europa
En los últimos años, el impulso ha tomado cuerpo en decisiones concretas:
- Países Bajos (2024): el gobierno neerlandés devolvió a Indonesia 288 objetos, incluidos textiles, armas, monedas y estatuas, como parte de un proceso asesorado por el Comité de Colecciones Coloniales. Fue un paso histórico hacia reconocer la procedencia ilegítima de parte de su patrimonio (fuente: NL Times).
- Bronces de Benín: expoliados en 1897 por tropas británicas, han sido reclamados insistentemente por Nigeria. Países Bajos devolvió 113 piezas de su lote en 2025, mientras que Alemania también inició repatriaciones. El British Museum, en cambio, sigue aferrado a la idea de conservarlos bajo la figura de “préstamo” (fuente: El País).
- Francia: en 2021 ya había retornado 26 objetos a Benín y una espada ceremonial a Senegal. Su política se basa en reconocer que ciertos bienes no fueron adquiridos legítimamente durante la colonización (fuente: Le Monde).
- Otros ejemplos incluyen las negociaciones por los frisos del Partenón entre Grecia y el Reino Unido, o la devolución de tesoros incas a Perú desde universidades estadounidenses.
Cada restitución marca un precedente que acelera el debate europeo y cuestiona la narrativa de los museos como espacios neutrales.
España ante su propio legado colonial
En 2024, el Ministerio de Cultura español anunció que los museos estatales iniciarían una revisión de fondos para “superar el marco colonial” y estudiar la procedencia de piezas procedentes de Asia, África y América (fuente: Huffington Post).
Uno de los casos más conocidos es la Colección Quimbaya, 122 piezas precolombinas entregadas en 1892 al Museo de América por el Gobierno colombiano de entonces. Colombia lleva décadas reclamando su restitución, y aunque no se han concretado devoluciones, el caso es paradigmático de las tensiones diplomáticas en torno al patrimonio (fuente: La Vanguardia).
Otros fondos relevantes incluyen objetos de Filipinas tras el fin de la colonización española en 1898, arte precolombino de América Latina y colecciones etnográficas africanas. La revisión anunciada supone un primer paso hacia reconocer que España, como otros países europeos, también debe afrontar su relación con el colonialismo desde la perspectiva museística.
Obstáculos legales, éticos y diplomáticos
La restitución de bienes culturales no es sencilla. Existen barreras jurídicas, éticas y diplomáticas:
- Legales: la Convención de la UNESCO de 1970 regula la prohibición y prevención del tráfico ilícito de bienes culturales, pero no siempre se aplica retroactivamente a piezas adquiridas antes de esa fecha.
- Históricas: muchos objetos carecen de documentación clara que pruebe el modo en que salieron de sus países de origen. Donaciones privadas, subastas coloniales y “regalos diplomáticos” en contextos de dominación dificultan el rastreo.
- Éticas: quienes se oponen a la devolución sostienen que los museos europeos garantizan la conservación y acceso global a las obras. Quienes la apoyan defienden que no se trata solo de conservación, sino de reparación y soberanía cultural.
- Diplomáticas: cada restitución implica negociaciones entre Estados, en ocasiones cargadas de tensiones históricas.
Bélgica, por ejemplo, aprobó una ley en 2022 que facilita la devolución de bienes coloniales a la República Democrática del Congo, un precedente que podría inspirar procesos similares en otros países.
Caminos posibles: restitución, reparación y diálogo cultural
Descolonizar no significa vaciar los museos europeos, sino transformarlos. Existen varias vías para avanzar:
- Restitución física de piezas: acuerdos bilaterales que permitan devolver objetos a sus países de origen.
- Reparación simbólica: exposiciones conjuntas, préstamos renovables y narrativas que expliquen el contexto colonial en lugar de invisibilizarlo.
- Participación de comunidades de origen: incluir voces africanas, latinoamericanas o asiáticas en la curaduría y gestión de las colecciones.
- Marcos legales claros: comités nacionales como los de Países Bajos o Francia que estudien caso por caso y generen transparencia.
El reto es lograr un equilibrio entre el acceso universal al patrimonio y el respeto a la historia de las comunidades que lo crearon.
La restitución de obras coloniales es uno de los mayores desafíos culturales del siglo XXI. No se trata solo de devolver objetos, sino de reescribir las relaciones de poder y memoria entre Europa y los países expoliados.
En definitiva, descolonizar el arte significa abrir un diálogo honesto entre museos, gobiernos y pueblos de origen.
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