Hay artistas que hacen del exceso una marca y otros que abrazan la sobriedad con radicalidad. José Ramón Casa Álvarez, a sus 27 años, ha convertido esa elección en manifiesto: crear sin artificios, trazar lo esencial, dejar que hable la tinta negra. Malagueño, formado en Bellas Artes, lector voraz de cómic desde niño Mortadelo, Astérix, Tintín, recorre un camino entre la crudeza y el humor macarra. Tras dejar atrás el óleo académico, encontró en el cómic un medio directo para narrar su universo interior.
Hoy, mientras explora el tatuaje como forma de escritura sobre la piel, mantiene firme su pulsión: ser fiel a sí mismo y a ese blanco y negro que, para él, es mucho más que una estética. Es una forma de resistencia.
¿Cómo te presentarías como artista y como persona?
Me llamo José Ramón Casa Álvarez, tengo 27 años, soy originario y procedente de Málaga. Principalmente, a lo que me estoy dedicando es al cómic, y quiero seguir desarrollándome como dibujante de cómics.
Estás terminando Bellas Artes. ¿Cómo ha influido la universidad en tu forma de pensar el dibujo, el cuerpo, la narrativa?
¡Wow! Qué pregunta. Pues mira, en mi carrera hay muchos aspectos que me han influido y en otros, la verdad, bien poco. El sistema educativo es complejo y no todo lo que forma parte de una carrera es útil.
De las cosas que más me llevo de la carrera es haber conocido a un montón de gente que se dedica al tema de dibujar cómics y que, además, me han ayudado un montón. He tenido el privilegio de tener asignaturas enfocadas únicamente en el cómic; se llamaba Ilustración y Cómic, y teníamos un gran profesor que fue el que me inculcó el gusanillo de ser dibujante de cómics.
¿Por qué el cómic como medio? ¿Qué te permite este lenguaje que no encuentras en otras formas?
Yo antes estaba muy empeñado en ser pintor, tú sabes. Al final, ser “pintor” es con lo que más se le llena la boca a la gente y lo que más mueve. Hay grandes artistas, y yo siempre lo he considerado como el culmen del artista. Yo quería ser eso, pintor al óleo; estaba muy obsesionado y empeñado.
Lo que pasa es que, con toda la presión de la carrera, por parte de nuestros profesores y demás, lo acabé aborreciendo, me harté de las exigencias y llegó el momento en que me ponía frente al óleo y ya no disfrutaba de la pintura.
Simplemente asumí que yo no servía para pintar. Acabé tan harto con el tema de los colores, cómo combinarlos y toda la teoría del color que hay detrás, que sentía que perdía creatividad, como si fuera un caballo con solapas, ¿sabes?
Estaba obsesionado con Francis Bacon; al final acabé harto, le di un patadón y actualmente no quiero saber nada más de la pintura ni de los colores, y es por eso que únicamente trabajo ahora con blancos y negros.
Este proceso me llevó al cómic, y con el cómic fue una cosa muy distinta. Además, con este arte tengo un contacto mucho más cercano: llevo leyendo toda mi vida cómics, de hecho, de la mano de Mortadelo y Filemón. Me fue mucho más fácil de digerir el proceso de los cómics, me era más familiar.
¿Podemos decir que tu primer flechazo con el cómic fue Mortadelo y Filemón?
Por supuesto. Además de Mortadelo y Filemón, tenía otros cuantos de Astérix y Obélix que me flipaban. Y después, mi joya de la corona: me he dado cuenta de que este cómic se conoce súper poco, aunque es conocido en internet. Nunca se ha producido como tal porque es el cómic más racista que te puedes echar a la cara, y es Tintín en el Congo. Yo tengo recuerdos de leerlo con cinco años, y es cierto que no me daba cuenta, pero ahora me doy cuenta de la carga racista que tenía ese cómic.
¿Por dónde empieza una obra en tu caso: imagen, emoción, personaje…?
A mí me gusta empezar escribiendo, como si fuera a escribir una novela, pero sin meter exceso de detalles narrativos, ¿sabes? Simplemente explico de forma genérica lo que quiero que pase, y de ahí ya hago un guion para los bocadillos.
Una vez hecho ese proceso, empiezo a hacer unos esbozos. Aquí me ayudó mucho la carrera, porque yo antes trabajaba en papel A4, y quería encajar todo ahí. Eso, además de una pérdida de tiempo, era un quebradero de cabeza: tardas la vida, no lo podías visualizar todo bien, hasta que me aconsejaron coger otro tipo de papel y hacer miniaturas pequeñas.
Hago estas pequeñas miniaturas de forma muy sintetizada, de cómo quiero encajar las viñetas y los personajes con sus bocadillos. Así me hago una idea y me resulta mucho más fácil a la hora de componer, consigo tener una visión general y ver cómo combinan las páginas, son como esquemas.
Y después eso se transforma en el cómic. Te muestro una imagen para que veas el paso de las miniaturas a una página ya desarrollada de cómic
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¿Trabajas en tradicional, digital o mixto?
Pues depende de cómo me pille. Personalmente prefiero hacerlo a mano, pero por ejemplo las páginas anteriores, el procedimiento, el dibujo es en digital. Es que depende de cómo me pille; a veces hago incluso los bocetos en digital de forma rápida.
Es cierto que el digital ahorra tiempo, es más rápido y también más limpio.
A veces también imprimo lo que he hecho en digital, luego voy a la mesa de luz y trabajo con ello. Como ves, hago un poco mezcla, depende de lo que me interese y del momento en que me pille.
Anteriormente ya mencionaste que abandonaste el color por el blanco y negro. ¿Qué sentido tuvo para ti ese abandono del color y qué importancia tiene el uso total de blanco y negro en tu obra?
Yo estaba muy perdido con el uso del color. Una de las cosas más importantes a la hora de preparar el boceto de un cuadro es hacer previamente un estudio de color, pero para mí es más importante hacer un estudio de los blancos y negros, porque si eres capaz de tener la escala de blancos, negros y grises, lo tienes resuelto, y puedes pasar al color.
Para mí es más fácil así. Acabé ciñéndome mucho a eso, a aprender los blancos y los negros, ¿sabes? Al final resultó que no quería saber nada de los colores, y me gustaron mucho más los blancos y los negros.
Frank Miller, por ejemplo, fue uno de mis principales referentes en este tema; me enseñó a disfrutar de la potencia que genera un negro y un blanco.
¿Crees que es más puro expresar en blanco y negro, que elimina de alguna forma las distracciones que puede generar el color?
Realmente no. Si tienes bien resuelto el tema del color, no tiene por qué irse la mirada a donde no debe. Sin embargo, si has potenciado una zona de color que realmente no es la protagonista, ahí sí hay una mala ejecución.
Pero yo, con el tema del blanco y el negro, no sé, siento una cosa a nivel personal que me atrapa, ¿sabes? Un blanco y un negro con alto contraste me parece una cosa potentísima, sin menospreciar a la gente que trabaja con el color y hace cosas preciosas. Pero a mí, sobre todo, lo que me cautiva es ese dramatismo que se genera.
Tú que has encontrado tu medio de expresión a través del blanco y el negro, ¿crees que en el futuro volverás al color o aún no te lo has planteado?
Pues no es la primera vez que me han hecho esta pregunta. La verdad, me gustaría que algún día me volviese a apetecer trabajar el color, incluso volver a tocar los óleos, pero si lo hago es para disfrutar y pintar sin preocupaciones.
Por mucho que lo pienso, ahora mismo no me siento en ese momento, no me lo pide el cuerpo, ¿sabes? Así que por ahora no tiene mucha pinta. Creo que va para largo este proceso. Quizás trabajar con el cómic con color digital podría probar, pero por ahora no.
¿Cuándo sabes que una página de cómic está terminada?
En mi caso es una cuestión de que me lo diga el cuerpo, es el que me habla. Miras la página y depende de lo que te transmita, y creo que eso el cuerpo lo sabe, es una cuestión de sensaciones.
Aunque también te digo que realmente siempre se puede mejorar una página, sus composiciones, pero claro, ¿dónde pones el límite, sabes?
Así que yo creo que ponerte cara a cara con la página, y cuando te transmite esa potencia, además de que esté bien dibujada y tenga una buena composición, para mí tiene los parámetros para decir “está bien” y pasar a la siguiente.
Cuando hago retoques a posteriori, sí que los hago en digital, porque volver a repetir una viñeta a mano me da una pereza increíble.
¿Cómo definirías tu estilo?
Mi estilo es muy punky, muy macarra, y realmente no me gusta autodefinirme. Si digo esto es porque la gente de mi alrededor, que ha visto mi trabajo, me ha dicho que tengo un dibujo muy, muy macarra y punky, y la verdad es que lo he cogido en ese sentido y lo uso.
Porque, al final, lo realmente importante es ¿cómo te ven a ti las masas?, así que yo prefiero que me definan ellas en todo caso.
¿Qué temas atraviesan tu obra?
Buah, te explico. Yo ahora mismo tengo dos líneas. Por un lado, tengo cómics con temática medieval; a lo largo de mi vida he tenido mucho recorrido con la fantasía medieval. La he mamado a través de Juego de Tronos, El Señor de los Anillos, también con videojuegos como Dark Souls. La fantasía oscura me mola mucho, y en mis cómics medievales me lo llevo a ese tono más funesto, ¿sabes?


Pero en cambio, mis otros cómics, como los de Johnny, son mucho más humorísticos, más macarras. Aquí puedes ver mucho más la influencia de los cómics de Mortadelo y Filemón o incluso Las Tortugas Ninja, que descubrí hace relativamente poco que tenían su versión en cómic.
Quiero seguir explorando ambas vías. Bueno, de hecho, ahora con Johnny estoy usando elementos autobiográficos, aunque es cierto que con las primeras eran historias ficticias. Estas últimas las estoy haciendo sobre los trabajadores de aeropuertos, y es autobiográfica mía de cuando trabajé allí.


Justo iba a preguntarte sobre eso: ¿cuánto de autobiográfico tiene tu obra?
Lo estoy explorando ahora. Lo he hecho porque en el mundo del cómic a la gente le flipa los elementos autobiográficos, saber un poco de la vida de alguien. También depende mucho de cómo se maquille, porque al final, para que una historia sea chula debe tener “chicha”, mezclar la realidad con un poco de fantasía, ¿sabes?
Me pareció un buen punto de partida empezar con mi etapa del aeropuerto, porque te lo juro, no es que fuese el mejor curro del mundo, pero para mí trabajar en el aeropuerto fue lo más cercano a vivir en el mundo de Mortadelo y Filemón, porque es que lo que pasaba ahí no era ni medio normal, ¿sabes?

¿Te imaginas dentro de diez años con los cómics autobiográficos o te apetece explorar otras temáticas?
Los cómics no los quiero abandonar, aún estoy en fase de experimentación con ellos. Estas últimas páginas, las del aeropuerto, son las que mayor calidad tienen hasta ahora. Siento que aún me queda mucho por recorrer, estoy en fase de descubrimiento, sigo explorando.
Aunque es verdad que ahora me estoy metiendo también en el mundo del tatuaje.
Johnny aparece como una figura central en el cómic. Es un cocodrilo que habla y vive en el mundo real, interactuando con personas. ¿Por qué elegiste precisamente un cocodrilo como protagonista? ¿Qué te interesaba de esa imagen?
Pues mira, es curioso. Johnny surgió en una asignatura de la facultad, en Anatomía. El tema era realizar un dibujo antropomórfico; tenías que mezclar cosas del cuerpo humano con los esqueletos de un animal. Tuve total libertad para escoger, pero tenías que crear algo nuevo combinando ambas, y fue ahí donde se me ocurrió hacer un cocodrilo.
Es cierto que a mí siempre me han gustado los cocodrilos, de chico me flipaban, de hecho tengo tatuado uno.
Y así fue como surgió la idea de Johnny.
¿Qué representa para ti Johnny dentro de tu universo narrativo?
Johnny es un cocodrilo cabreado, ¿sabes? Yo creo que para mí fue un poco una forma de proyectar toda la rabia que pueden sentir ahora mismo los jóvenes en la situación en la que estamos, aunque también trato temas más del día a día.
Por ejemplo, yo qué sé, la típica situación de supermercado en la que estás haciendo cola y aparece la típica que se te cuela, y en el momento te cabrea. Pues yo hago una tira satírica de eso y Johnny la lía padrísima en el súper.
Es un ejemplo estúpido, pero para que se entienda el concepto: la cosa es poder desahogarse de esas pequeñas cosas que turban tu día.
¿Cómo fue el proceso de diseño de Johnny? ¿Tenías una imagen clara de cómo querías que fuera, usaste fotos como modelo?
Siempre tomo referencias de imágenes. Lo que pasa es que, al final, acabé sintetizando el cocodrilo porque quería que fuera punky. Justo en ese momento, además, vi una película española ambientada en el franquismo llamada La ley de la frontera, en Netflix, y ahí aparecen personajes un poco del rollo quinqui: juventud, drogas, delincuencia.
Y por eso le puse ese rollo, con botas Martens, que yo mismo de hecho uso mucho. Me gusta ese rollo y supongo que de toda esa mezcla surgió Johnny.
Justo mi siguiente pregunta iba en ese sentido: ¿cómo trabajas a Johnny a nivel de vestimenta?
Es una vestimenta base de macarra, con los pantalones típicos negros, botas altas y una camiseta. Literalmente, la idea de macarra básico que tiene todo el mundo, ¿sabes? Pero, por ejemplo, ahora con la temática del aeropuerto lleva el uniforme que llevaba yo.
¿Tienes una escena o página del cómic que sea especialmente significativa para ti?
Hombre, no te puedo decir significativa, pero te lo puedo relacionar con el ánimo. La mejor página de Johnny que tengo hecha hasta ahora, la que me hace sentir muy realizado como dibujante, es la página que te muestro (ver abajo).
Esta página, para mí, es simplemente increíble: el dramatismo, los detalles que saqué de las caras y ese negro tan potente recubriendo que se entiende que es el brazo, los contornos de las caras… A mí me genera mucha potencia.
Es cierto que lo pasé mal en el desarrollo de estas páginas, pero luego ves el resultado y es una pasada.

Hablemos del lettering: ¿haces tú las letras? ¿Cómo seleccionas la tipografía?
La verdad es que el tema del lettering me genera una depresión horrible, porque elegir tipografía me parece el mayor quebradero de cabeza y un dolor.
Al final siempre trato que sea una letra que más o menos se lea bien y que quede bien con la mayúscula.
Adentrándonos un poco más en el mundo del tatuaje, ¿cómo llegaste a este mundo?
Para mí el tatuaje es como si fuese un grabado antiguo. Evidentemente es una cosa distinta, pero al final tú estás grabando en la piel. Aunque claramente es una cosa estética, como una rinoplastia, es un lujo estético, pero a mis ojos tiene esa parte de grabado.
Ahora mismo estoy en fase de aprendizaje en este mundo, pero principalmente quiero desarrollar la parte monetaria. Ahora mismo es un sector que da dinero, es un gran negocio y hay mucha gente demandando los servicios, aunque también hay mucha oferta.
Además, me gusta y creo que puedo aprovechar este momento, potenciarme y desarrollarme tanto artísticamente como económicamente aquí.
Aún no tengo mi propio estudio; es un mundo difícil para entrar. Te hablo un poco de las experiencias de otros compañeros. Al final, es un poco como todo: conocer gente del gremio que vea lo que haces y quiera contar contigo. Es muy de boca a boca, ¿sabes?
En los tatuajes, ¿te planteas usar únicamente blancos y negros o usarías colores también?
Evidentemente, aquí me tendré que adaptar al cliente, aunque es cierto que yo tengo un estilo muy concreto y definido en mi cuenta de tatuajes, @monra_tattoo, y es el blanco y negro. También puedes ver la estética medieval que te comentaba antes.
Pero sí, tendré que aprender a tocar colores, porque al final, si alguien me pide color, yo tengo que estar especializado también.
¿Qué cambia cuando dibujas en la piel frente al papel?
Tengo que ir con un poco más de cuidado, pero ya me voy notando la mano mucho más suelta, voy quitándome poco a poco el miedo.
Hay mucha diferencia porque tú no sientes un apoyo real de la mano y, aparte, cuando pasas la máquina, sientes como que estás metiendo un cuchillo en una mantequilla medio caliente. Es una locura la sensación cuando pinchas piel.
¿Alguna vez una idea pasó del papel a la piel?
Totalmente. Yo creo que la influencia del cómic se nota en mis tatuajes, pero para mí la base de un buen tatuador es saber dibujar. Luego lo único de lo que te tienes que preocupar es de pinchar bien la aguja, que la piel no se infecte y tener las medidas sanitarias adecuadas. Lo demás, con la práctica, viene solo.
En el futuro, cuando ya te dediques profesionalmente al mundo del tatuaje, ¿será importante para ti darle tu visión personal a cada tatuaje?
Obviamente, ese es mi objetivo.
Si alguien me viene con la típica foto de Pinterest y quiere que se la haga literal, pues se la haré, porque al final el dinero es dinero, ¿sabes? Pero en un futuro, cuando tenga más recorrido, siempre me gustará más hacer tatuajes relacionados con los temas que a mí me molan, como el medieval.
Al final, con el tatuaje también estoy vendiendo mis obras. Lo veo como si fuera una galería en la piel de tu arte.
¿Qué artistas del cómic han influido en ti?
Como te comenté antes, Mortadelo y Filemón, las Tortugas Ninja… Pero yo leo muchísimo cómic, hay que leer de todo, aunque esté alejado de mi estilo y gustos.
Si tú quieres dibujar, además de la parte práctica que evidentemente es importante, sí, práctica y dibuja, también debes leer cómics, mirar cómo componen las páginas otros.
Yo puedo decir sin miedo alguno que, por ejemplo, me han gustado composiciones de páginas y las he copiado, porque literalmente eso es lo más básico que puedes hacer para aprender: copia y aprende.
Y eso es un poco lo que hago: miro cómics, compro también los que me gustan de temáticas que me interesen.
¿Y el mundo del manga no te ha llamado la atención nunca?
Ya no. Sí que tengo los tomos de cuando era más joven, pero ya no me interesa tanto el formato japonés, ¿sabes?
Aunque lo sigo leyendo de vez en cuando, me interesa mucho más el formato europeo, de cómo se hacen aquí los cómics en Europa, que es muy distinto.
Tú abres un cómic europeo y cada uno tiene un estilo distinto. Sin embargo, abres un manga y, sí, se puede notar la diferencia de un dibujo entre un artista y otro, pero el estilo de un manga generalmente no varía mucho, tienen tramas parecidas.
¿Tienes algún artista fuera del mundo del cómic que te haya marcado mucho?
Pues mira, hasta hace poco no había caído, pero mucha gente me lo ha dicho al ver ciertas viñetas que son un poquito Goya, que recuerdan un poco a las pinturas negras.
Y pensándolo es cierto que Goya es uno de los pintores que más me han gustado, y en concreto sus pinturas negras. A mí me flipa la estética oscurantista y depresiva, y las pinturas negras me parecen una barbaridad.
Siempre que voy a Madrid paso por el Prado y no puedo evitar detenerme en las pinturas negras porque me parecen una pasada.
¿Qué lugar ocupan otros lenguajes (música, cine, literatura…) en tu proceso creativo?
Siempre me pongo música, y depende mucho de la página que voy a desarrollar. A veces me pongo metal, otras veces música muy rítmica.
Por ejemplo, cuando desarrollo páginas de temática medieval, busco música mucho más típica del medievo. También uso música de videojuegos, como la de Dragones y Mazmorras.
Respecto al cine, ahora mismo no lo estoy tocando mucho, así que no puedo decirte referentes como tal en ese campo.
¿Cómo ves el panorama del cómic y del tatuaje para artistas emergentes?
Actualmente no sé cómo está el tema del cómic. Puedo decirte lo que me ha dicho gente que sí está más metida en ese mundo.
Aquí en Málaga, la verdad es que tenemos muchos artistas muy buenos que dibujan cómics, pero es cierto que, si buscas el típico sueldo de 2.000 o 3.000 euros, eso con el cómic olvídate aquí en España.
Sin embargo, en el mundo del tatuaje sí que hay más negocio.
¿Cómo manejas la relación entre lo comercial y lo que a ti te gusta crear?
Creo que todavía no estoy en ese punto en el que me lo haya tenido que plantear. Yo soy muy nuevo en todo esto, es muy reciente.
Sí es cierto que ahora mismo estoy muy metido con Instagram y me fijo mucho en las estadísticas, veo también con qué interactúa más la gente.
A veces subo cosas que pienso que son mejores y no tienen una interacción tan buena como otras. Al final tengo que tener en cuenta todo eso, lo que le interesa a la gente.
Pienso que lo que tienes que hacer es buscar tu nicho de gente a la que le interese tu obra, tu público. Yo quiero hacer eso.
No quiero venderme así a cualquiera; estoy focalizado en el tipo de gente que le mola lo que hago, trato de vender a esa gente mis productos, mi marca, ¿sabes?
Has mencionado Instagram. ¿Cómo vives el tema de las redes sociales?
Pues es bastante frustrante, pero como he dicho, aún estoy empezando.
Sí que intento tener una cuenta bonita, que guarde una coherencia, miro las estadísticas para ver lo que más funciona y en base a eso intento cambiar cosas para las siguientes publicaciones.
Mi objetivo es hacer que la rueda vaya girando poco a poco.
En mi cuenta de cómics (@monracomics) no tengo tanto problema, pero sí que es verdad que con la de tatuajes, como mi objetivo es extraer clientes…
Es cierto que antes usaba Instagram como todo el mundo, para enseñar mi vida privada, pero ya he perdido el interés en ello. Solo quiero que sepan de mi vida mis amigos cercanos.
Entonces es bonito, en cierta forma, que mi anterior cuenta muriese y mudara a una cuenta profesional donde muestro mi trabajo.
¿Sientes que es un poco abrumador que los artistas tengan que enfrentarse a las redes sociales, métricas, aprender cómo funciona todo esto…?
A ver, a mí no me impiden crear, yo crear sigo creando.
Las veo como una herramienta para difundir. Hay gente constantemente usándolas a cualquier hora del día, en todo momento, y es evidente que mueven masas. Así que yo aprovecho eso a mi favor, para que la gente vea mi trabajo. Es una forma de divulgarlo.
Aunque no es fácil conseguir que funcionen como quieres, que tus vídeos, tus publicaciones cojan popularidad, que los vea la gente… Es complicado, pero poco a poco se va consiguiendo.
Ahora que estamos hablando de la tecnología, ¿qué opinas tú de la IA? Es algo que ha generado mucho debate en el sector creativo.
Honestamente, la IA debe ser una herramienta más para el artista.
Yo ya la he usado, es cierto que pocas veces, pero ya he estado coqueteando con ella.
Por ejemplo, le pedí que me hiciera un águila con un yelmo y, en base a las imágenes que me dio la IA, yo las interpreté. Evidentemente, siempre con mis libros de referencia, pero me dio cosas que me gustaron y las conservé en el diseño.
Para mí tiene que ser una herramienta para enriquecer.
Lo que no me parece bien es el uso de la IA de forma abusiva, que llegue al punto de la automatización como la gente se plantea, como, por ejemplo, una animación hecha únicamente por IA. ¿Dónde está ahí el factor humano?
Para mí es muy importante que haya una mano detrás. La IA, por ejemplo, te puede dar un esbozo guapísimo, pero luego tú trabajas encima de eso. Ahí es donde se nota la parte humana. Si solamente está desarrollado por una máquina, me parece vacío.
¿Sientes que hay algo que te habría gustado que te preguntase y no he hecho?
Pues mira, pensé que me pedirías que recomendase un cómic a la gente, y sin duda sería un cómic español de Javier Marquina y Jaime Infantes.
Es un cómic gráfico sobre un boxeador español de los años 70-80, se llama Boxeador Dum Dum Pacheco.



Con una voz que mezcla instinto, rebeldía y búsqueda estética, José Ramón Casa Álvarez avanza a contracorriente en un mundo saturado de color y artificio. En sus trazos en blanco y negro late una verdad difícil de domesticar: la necesidad de crear sin filtros, de dibujar sin pedir permiso, de construir un lenguaje propio en el que la imperfección, la rabia y la ternura conviven.
En un tiempo que empuja hacia la exposición y el consumo inmediato, Casa Álvarez reivindica la pausa, el pulso íntimo, la autenticidad del proceso. Con el cómic como refugio y el tatuaje como expansión de su imaginario, su obra se levanta como un acto de resistencia, tan sencillo y radical como el primer trazo de tinta sobre el papel.

