María de la Paz Herrero
Texto
ACTUALIZADO: Jueves, 16 de Octubre de 2025
Los sectores culturales y creativos viven un momento de expansión en España: generan empleo, aportan riqueza y su productividad supera a la media. Pero detrás de esas cifras se esconde una realidad menos brillante: salarios bajos, desigualdad entre territorios y alta inestabilidad laboral. El reciente informe de la Fundación Cotec lo deja claro: la cultura es rentable, pero sus profesionales siguen lejos de la estabilidad que merecen.
El informe Los sectores culturales y creativos en España (Cotec, 2025) confirma que la cultura y la creatividad representan más del 2 % del valor añadido bruto (VAB) del país, una cifra superior a la de industrias como la farmacéutica o la textil.
Además, los trabajadores del sector muestran una productividad un 40 % superior a la del conjunto del sector servicios, lo que demuestra que el talento cultural contribuye de forma decisiva al crecimiento económico (RTVE)
El empleo también se ha recuperado con fuerza: entre 2019 y 2024, el número de ocupados en los sectores culturales y creativos creció un 17 %, más del doble que el conjunto de la economía (Europa Press, 2025).
La otra cara: desigualdad y precariedad
El crecimiento no ha sido sinónimo de bienestar para todos. Cotec evidencia una brecha clara entre ramas del sector:
- En programación y emisión de radio y televisión, el salario medio supera los 45.000 € anuales.
- En creación artística y espectáculos, apenas ronda los 25.600 €.
- Las ramas intermedias (edición, audiovisual, museos) oscilan entre ambas cifras.
La disparidad salarial se combina con una estructura frágil: el 69 % de las empresas culturales no tiene asalariados, y la mayoría son microempresas o autónomos, según la propia Cotec.
A ello se suma la situación del sector musical, donde un estudio de AIE revela que el 57 % de los músicos percibe menos que el SMI y casi la mitad trabaja con contratos temporales (El Pais, 30 de Mayo 2025)
Concentración territorial: creatividad desigual
El dinamismo del sector tampoco se reparte de forma uniforme. Cotec constata que Madrid y Cataluña concentran el 63 % de las empresas “gacela” (las de mayor crecimiento) y la mayor parte de la inversión vinculada a innovación.
Los datos sobre fondos europeos refuerzan la brecha: Madrid absorbe el 50,4 % de los fondos Next Generation destinados a I+D+i cultural, mientras Cataluña recibe un 21,3 % (Cotec, 2025).
El resto del territorio queda en posiciones más rezagadas, lo que refleja una concentración de oportunidades creativas en las grandes capitales.
Un valor económico incuestionable
Más allá de las desigualdades, Cotec destaca el papel estratégico del sector: por cada euro invertido en cultura, se generan 1,75 € de valor añadido en la economía española.
Esa cifra confirma la rentabilidad económica de la cultura y su potencial de arrastre para otros sectores productivos (El País, 19 Mayo 2025).
Sin embargo, los investigadores advierten de la necesidad de fortalecer las estructuras de empleo y de garantizar la sostenibilidad del ecosistema creativo.
Caminos posibles: hacia un trabajo cultural digno
Aunque Cotec no propone medidas específicas, los expertos coinciden en varios frentes de actuación derivados de su diagnóstico:
- Adaptar la protección laboral a la naturaleza intermitente del trabajo creativo.
- Reforzar la Seguridad Social y la cotización flexible para autónomos culturales.
- Descentralizar los fondos públicos de apoyo a la cultura.
- Fomentar la formación en gestión y emprendimiento creativo.
- Reconocer la cultura como inversión estructural, no como gasto.
Estas propuestas no están listadas en el informe, pero surgen del consenso entre analistas y asociaciones del sector a partir de sus conclusiones.
“La cultura española genera más del 2 % del PIB y multiplica por 1,75 cada euro invertido, pero siete de cada diez empresas creativas no tienen empleados: el crecimiento no siempre llega a quien crea.”
Los datos de Cotec confirman que la cultura no es solo identidad: es economía. Pero para que la economía creativa sea sostenible, su crecimiento debe traducirse en estabilidad, redistribución y derechos laborales.
La próxima década marcará el punto de inflexión: si España quiere consolidar su liderazgo cultural, deberá demostrar que también puede cuidar a quienes lo hacen posible.
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