María de la Paz Herrero 

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ACTUALIZADO: Miércoles, 22 de Octubre de 2025

Durante décadas, el circuito del arte contemporáneo giró en torno a Europa y Estados Unidos. Hoy, nuevas geografías, Oriente Medio, Asia Meridional y África, no solo participan, sino que redefinen el mapa artístico global. Ciudades como Dubái, Seúl o Lagos atraen ferias, coleccionistas y galerías que buscan expresiones culturales diversas y originales.

Este proceso marca una fase de diversificación real del ecosistema artístico contemporáneo.

La centralidad del arte occidental se ha visto cuestionada por años de globalización del coleccionismo y el mercado digital. La crisis de los mercados tradicionales favorece buscar obras fuera de rutas establecidas, impulsando territorios con narrativas locales potentes. Esta transformación no es superficial: supone repensar quién define valor, qué historias se validan y cómo circula el capital simbólico.

El informe Art Basel & UBS Global Art Market Report 2025 estima que el mercado global del arte facturó unos 57.500 millones de dólares en 2024, aunque sufrió una caída interanual del 12 %. Sin embargo, el número de transacciones creció un 3 %, lo que indica que el tramo medio del mercado sigue activo y dinámico.

Esa resiliencia en mercados de menor escala abre espacio para expresar miradas plurales. En este contexto, regiones emergentes ganan terreno no solo como productores, sino como nuevos centros de difusión artística.

Oriente Medio y Asia: Dubái, Seúl y el enfoque del Sur global

Dubái / Emiratos Árabes Unidos se ha proyectado como un hub cultural con ferias como Art Dubai, que reúne anualmente más de 90 galerías de más de 40 países. Esa feria actúa como plataforma para artistas procedentes del sur global, conectando Medio Oriente, Norte de África y Asia Meridional. Además, el proyecto cultural en Saadiyat Island (Abu Dhabi) proyecta nuevos museos como el Zayed National Museum y un Guggenheim local, reforzando la ambición de la región de consolidarse como polo artístico. (El País)

En Asia, especialmente Corea del Sur, la Bienal de Gwangju es un referente desde hace décadas, con influencia internacional al convocar artistas del continente y más allá. Aunque no encontré en mis búsquedas recientes cifras exactas recientes de crecimiento para Seúl, su escena artística urbana ha sido cada vez más visible en ferias internacionales y colaboraciones curatoriales.

En cuanto al mercado asiático de promotores culturales, el informe de Mordor Intelligence estima que el segmento de promotores de artes en Asia-Pacífico experimentará un crecimiento anual compuesto (CAGR) de más del 7 % hacia 2029. Esto sugiere que la infraestructura para organizar arte (ferias, exposiciones, producción) está en expansión.

África en ascenso: Dakar, Lagos y la afirmación de narrativas locales

África consolida su voz en la escena contemporánea con plataformas como Dak’Art (Senegal), que concentra artistas africanos, curadores internacionales y proyectos de intercambio. En el panorama del mercado, Artnet’s 2024 Intelligence Report ofrece indicadores sobre el mercado africano: aunque es un mercado más incipiente que en Asia o Medio Oriente, crece en interés y participación en subastas globales. 

Además, los mercados africanos registran una mejora en visibilidad internacional: más artistas africanos integran colecciones en Europa, galerías internacionales participan en ferias africanas y subastas incluyen piezas africanas con más frecuencia.

Retos, desigualdades y oportunidades

Este mapa emergente no está libre de tensiones. Infraestructuras artísticas, museos, gestión profesional, acceso a financiamiento internacional, no están equitativamente desarrolladas. Muchos artistas emergentes trabajan con limitaciones de recursos, redes de mercado débiles y menor visibilidad global inicial.

Otra tensión es la expectativa globalizada: algunos proyectos se alinean a estándares occidentales para exportar, potenciando dinámicas de adaptación en lugar de auténtica expresión local. También existe el riesgo de sobreexposición rápida y efímero interés comercial que no se sostenga a largo plazo.

Pero precisamente esas dinámicas abren oportunidades: fomentar redes locales, residencias con sentido contextual, y coleccionismo regional con mirada global pueden cimentar estos nuevos polos con solidez.

El mapa del arte contemporáneo ya no cabe en mapas tradicionales. Dubái muestra cómo el Medio Oriente se concibe como plataforma; Asia aporta tejido curatoral y estructura; África ya ocupa su espacio con narrativas propias. La evolución del mercado global con un crecimiento de transacciones a pesar de la caída en valor total sugiere que el arte de precio intermedio está encontrando terreno fértil. (Art Basel).

Este cambio no es simbólico: es estructural. Nuevas geografías, antes periféricas, ascienden con voces que merecen palabra propia. Y para artistas, curadores y coleccionistas interesados, mirar hacia estos polos no es una opción secundaria: es un nuevo centro de gravedad cultural.

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