La muerte de Pepe Habichuela, el 4 de agosto de 2026, deja al flamenco sin uno de sus grandes maestros. Pero su historia no se explica desde la despedida. Está en las cuevas del Sacromonte, en los tablaos madrileños, en su alianza con Enrique Morente y en una guitarra que aprendió a viajar sin olvidar nunca su raíz.
José Antonio Carmona Carmona nació en Granada en 1944, dentro de una familia en la que el flamenco se transmitía como una memoria cotidiana. El nombre artístico de Pepe Habichuela procedía de una dinastía iniciada por su abuelo, Habichuela el Viejo, y continuada por su padre y sus hermanos.
Su aprendizaje comenzó en las cuevas del Sacromonte, mucho antes de que su nombre apareciera en discos o grandes carteles. Allí se formó escuchando, observando y acompañando, tres verbos esenciales para comprender a un guitarrista flamenco que nunca entendió la música como una exhibición individual. RTVE recordaba en 2017 que su recorrido profesional con la guitarra se había iniciado precisamente en aquel entorno granadino.
En 1964 se trasladó a Madrid, donde encontró en los tablaos un espacio de aprendizaje y profesionalización. En Torres Bermejas comenzó una etapa que lo acercó a voces fundamentales del género. A lo largo de aquellos años trabajó con artistas como Pepe Marchena, Juanito Valderrama, Fosforito, Camarón de la Isla y Enrique Morente.
Acompañar el cante exigía algo más que técnica. Había que reconocer la respiración del intérprete, anticipar una inflexión y saber cuándo la guitarra debía avanzar o guardar silencio. En esa escucha se construyó buena parte de la trayectoria de Pepe Habichuela.
Pepe Habichuela perteneció a una generación que aprendió el flamenco acompañando. Su grandeza no estuvo solo en la precisión del toque, sino en una forma de escuchar que permitía a la guitarra sostener el cante, dialogar con él y abrir nuevos caminos sin imponerse sobre la voz.
Pepe Habichuela y Enrique Morente, tradición en movimiento
La relación entre Pepe Habichuela y Enrique Morente constituye uno de los capítulos decisivos de la historia reciente del flamenco. Los dos conocían profundamente la tradición, pero ninguno estaba dispuesto a tratarla como una pieza inmóvil.
Su colaboración quedó reflejada en obras como Homenaje a Don Antonio Chacón y Despegando. En ellas, la recuperación de cantes históricos convivía con nuevas formas de ordenar la voz, la guitarra y el espacio musical. No se trataba de romper con el pasado, sino de entrar en él para encontrar posibilidades que todavía no habían sido exploradas.
Habichuela ofrecía a Morente una guitarra capaz de acompañar la libertad sin perder el compás. Morente podía alterar estructuras, tensar melodías o acercarse a otros lenguajes porque encontraba a su lado a un músico que comprendía el riesgo y sabía sostenerlo. Aquella alianza terminó convirtiéndose en una referencia para la renovación del flamenco durante la segunda mitad del siglo XX.
La conversación artística no terminó con Enrique. La cercanía de Habichuela con la familia Morente se prolongó en las generaciones siguientes, dentro de una escena que ha seguido interrogándose sobre la relación entre raíz y contemporaneidad. Esa misma tensión atraviesa proyectos actuales como la búsqueda artística de Soleá Morente, donde el legado familiar continúa transformándose.
Los discos de Pepe Habichuela que abrieron otros caminos
Aunque durante años fue reconocido principalmente como guitarrista de acompañamiento, los discos de Pepe Habichuela permitieron escuchar con mayor claridad su identidad como creador.
En 1983 publicó A Mandeli, dedicado a su abuelo. El álbum reunía palos flamencos con una instrumentación abierta a los cambios que recorrían la música española. Junto a la guitarra aparecían músicos como Carles Benavent y Rubem Dantas, vinculados también a algunos de los procesos de renovación más importantes de aquellos años.
Más tarde llegó Habichuela en rama, un trabajo atravesado por la transmisión familiar, y en 2001 publicó Yerbagüena junto a The Bollywood Strings. El encuentro con la música india no funcionaba como un simple decorado exótico. Buscaba puntos de contacto entre tradiciones construidas alrededor del ritmo, la improvisación, la oralidad y la emoción.
Cuatro grabaciones permiten acercarse a su evolución:
- A Mandeli, la afirmación de su personalidad como solista.
- Habichuela en rama, la guitarra entendida como herencia compartida.
- Yerbagüena, el diálogo entre el flamenco y la música india.
- Hands, el encuentro con el contrabajista de jazz Dave Holland.
En Hands, publicado en 2010, Habichuela y Holland trabajaron sobre composiciones originales y formas flamencas como fandangos, tangos, tarantas, seguiriyas, bulerías y soleares. La grabación contó también con Josemi Carmona, Carlos Carmona, Israel Piraña Suárez y Juan Carmona. El proyecto no diluía el flamenco para acercarlo al jazz, sino que invitaba al contrabajo de Holland a entrar en su lenguaje.
Las colaboraciones de Pepe Habichuela y su vocación de encuentro
Las colaboraciones de Pepe Habichuela muestran hasta qué punto su guitarra podía establecer conversaciones con músicos de procedencias muy distintas. Además de acompañar a figuras centrales del cante, trabajó con artistas internacionales como Don Cherry, Max Roach y Dave Holland.
Su apertura no significaba abandonar la identidad flamenca. Al contrario, Habichuela podía dialogar con el jazz o la música india porque conocía el lugar desde el que tocaba. La curiosidad no sustituía a la raíz, nacía de ella.
Uno de sus últimos grandes escenarios internacionales fue el Carnegie Hall de Nueva York. En febrero de 2024 formó parte del Paco de Lucía Legacy Festival, un homenaje que reunió a músicos y artistas como Rubén Blades, Carles Benavent, Josemi Carmona, Diego el Cigala, Chano Domínguez, Farruquito, Carmen Linares, José Mercé, Silvia Pérez Cruz, Al Di Meola, Jorge Pardo y Piraña, entre muchos otros.
Aquel cartel resumía buena parte del mundo musical que Habichuela ayudó a construir. En él convivían el cante, el baile, la guitarra, el jazz, las músicas africanas y distintas generaciones de intérpretes. No todos pertenecían a una misma escuela, pero compartían una manera abierta de entender el flamenco y su capacidad para relacionarse con otros lenguajes.
Su trayectoria demuestra que innovar no siempre consiste en romper. A veces significa escuchar a otro músico, encontrar un territorio común y permitir que dos tradiciones se reconozcan sin dejar de ser ellas mismas.
La familia Habichuela, un legado que continúa sonando
La familia Habichuela ocupa un lugar esencial en esta historia. Pepe fue hermano de los guitarristas Juan, Carlos y Luis Habichuela, padre de Josemi Carmona y tío de Antonio Carmona y Juan José Carmona, integrantes de Ketama.
Con Ketama, la tradición familiar llegó a una generación que transformó el flamenco desde la fusión, las nuevas producciones y una relación distinta con el público. El grupo amplió los espacios del género y demostró que una herencia artística puede mantenerse viva precisamente porque no se limita a repetir sus formas.
Pepe Habichuela participó en esa continuidad desde la experiencia y la generosidad. Su papel no fue únicamente el del patriarca que custodia una tradición, sino el de un músico que acompañó a los más jóvenes mientras estos construían su propio lenguaje. RTVE lo definía en 2024 como padre y tío de los miembros de Ketama, una relación familiar inseparable de su historia musical.
Su contribución fue reconocida en 2018 con la Medalla de Oro al Mérito en las Bellas Artes. El Ministerio de Cultura incluyó a José Antonio Carmona Carmona entre las personalidades distinguidas en la modalidad de música, junto a artistas como Rubén Blades, Gilberto Gil y Fátima Miranda.
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Hablar ahora de Pepe Habichuela obliga a mencionar su muerte, pero su verdadera dimensión está en todo lo que ocurrió antes. Está en el Sacromonte y en los tablaos de Madrid, en la guitarra que acompañó a Enrique Morente, en los discos que se acercaron a la India y al jazz, y en una familia que continúa llevando el flamenco hacia otros lugares.
Volver a Homenaje a Don Antonio Chacón, A Mandeli, Yerbagüena o Hands permite escuchar varias décadas de transformación musical. Su legado recuerda que la tradición no se conserva manteniéndola quieta, sino conociéndola, compartiéndola y permitiendo que siga hablando.
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