Roma acaba de recuperar uno de esos lugares capaces de mostrar que, bajo la ciudad que conocemos, todavía existen otras. La restauración de nuevos espacios de las Termas de Trajano permite contemplar la Ciudad Pintada y el Gran Mosaico, dos extraordinarios conjuntos del siglo I que pertenecieron a edificios anteriores al complejo termal.

A pocos minutos del Coliseo, en el parque de Colle Oppio, las Termas de Trajano esconden bajo tierra una parte de su historia. Roma ha concluido la restauración y puesta en valor de la gran exedra suroccidental y de la galería subterránea situada bajo ella, dentro del programa PNRR–Caput Mundi.

El nuevo recorrido permite acercarse por primera vez a dos de los grandes protagonistas arqueológicos del lugar: la Ciudad Pintada y el Gran Mosaico. La intervención ha incluido trabajos de conservación, nuevos recorridos peatonales, iluminación, espacios didácticos y áreas destinadas a actividades culturales.

Pero conviene hacer una distinción. Las obras no han sido descubiertas ahora. La Ciudad Pintada apareció en febrero de 1998 y ese mismo año se localizó una primera parte del mosaico. Las investigaciones posteriores permitieron comprender progresivamente la verdadera dimensión del conjunto. Lo que sucede en 2026 es otra cosa: después de años de excavación, estudio y restauración, estos espacios pueden finalmente incorporarse a la visita pública.

Y hay algo todavía más sorprendente: las dos obras son anteriores a las propias Termas de Trajano.

Bajo uno de los grandes complejos monumentales de la Roma imperial sobrevivieron restos de una ciudad anterior. La Ciudad Pintada y el Gran Mosaico permiten ahora mirar más allá de las termas y adentrarse en los edificios que ocupaban Colle Oppio antes de que Trajano transformara el lugar.

Una ciudad desaparecida bajo un gran proyecto imperial

Las Termas de Trajano fueron inauguradas el 22 de junio del año 109 d. C. El enorme complejo, proyectado por Apolodoro de Damasco, se extendía sobre unos 60.000 metros cuadrados en Colle Oppio e incorporó estructuras anteriores, incluidos espacios vinculados a la Domus Aurea.

Las termas tampoco deben imaginarse únicamente como un gigantesco lugar para el baño. Alrededor del edificio termal existía una extensa zona verde porticada destinada al ejercicio, el paseo, el ocio y la cultura.

La propia exedra suroccidental que acaba de ser recuperada ayuda a entenderlo. Con aproximadamente 30 metros de diámetro, conserva dos filas de nichos que probablemente sirvieron para albergar armarios con libros y documentos. Los graderíos, por su parte, habrían acogido a quienes asistían a lecturas y reuniones públicas.

Debajo se encontraba la galería que sostenía el pórtico y que hoy guarda los grandes conjuntos decorativos.

La construcción de las termas modificó profundamente lo que existía anteriormente. Precisamente por ello, adentrarse en la galería permite recorrer una extraordinaria superposición arqueológica: los edificios de época neroniano-flavia y, sobre ellos, el monumental complejo levantado durante el reinado de Trajano.

La Ciudad Pintada, una Roma que todavía no tiene nombre

Al fondo de la galería apareció en febrero de 1998 una imagen excepcional. Sobre la fachada de un edificio anterior a las termas se conservaba una gran pintura mural que pronto sería conocida como Città Dipinta, la Ciudad Pintada.

Datada en el siglo I d. C., ocupa aproximadamente diez metros cuadrados. La composición muestra desde una perspectiva elevada una ciudad rodeada de murallas y torres, con diferentes edificios representados en perspectiva. La Sovrintendenza Capitolina la considera, por su calidad estilística y superficie conservada, parte de un conjunto único dentro del panorama arqueológico romano.

Su importancia no reside únicamente en el tamaño. También proporciona un extraordinario testimonio de cómo los romanos imaginaban y representaban visualmente el espacio urbano.

Y todavía conserva un misterio.

La ciudad representada no ha podido identificarse con certeza. Claudio Parisi Presicce, superintendente capitolino de Bienes Culturales, ha explicado que debió de tratarse de una ciudad relevante por la monumentalidad de la representación, pero su identidad continúa abierta a la investigación.

La restauración ha permitido mejorar la lectura de la pintura mediante limpieza, consolidación, tratamiento preventivo contra agentes biológicos y diferentes intervenciones destinadas a estabilizarla.

El Gran Mosaico y un espacio dedicado a las Musas

A mitad de la misma galería apareció en mayo de 1998 otra pieza del rompecabezas. Los arqueólogos encontraron un refinado mosaico parietal con las figuras de una Musa y un filósofo. Las excavaciones posteriores demostrarían que aquello era solamente una parte de una decoración mucho más ambiciosa.

Las investigaciones retomadas en 2010 y 2011 permitieron reconstruir una composición que se extiende a lo largo de casi 16 metros. Entre sus personajes aparece Apolo, desnudo y con una cítara sobre el brazo, acompañado por figuras vinculadas a las Musas dentro de una elaborada arquitectura figurada.

Las investigaciones más recientes han añadido nuevos elementos. En una franja inferior ha aparecido una vista de una ciudad portuaria, formada por edificios probablemente situados frente al mar y relacionados con el motivo de las llamadas villas marítimas. Las paredes de aquella monumental estancia pudieron alcanzar unos doce metros de altura.

La documentación del Ministerio de Cultura italiano relaciona el conjunto con un Musaeum, un espacio dedicado a las Musas en el que miembros de las élites romanas podían reunirse para escuchar música y conversar sobre arte.

La conexión resulta especialmente sugerente: un espacio que pudo estar vinculado a la cultura hace casi dos mil años regresa hoy a la vida precisamente como patrimonio cultural.

Visitar las Termas de Trajano también es un experimento de conservación

Abrir un espacio arqueológico como este plantea una cuestión fundamental: ¿cuántas personas puede recibir sin poner en riesgo aquello que se quiere mostrar?

Roma ha optado por averiguarlo de manera gradual.

Las primeras visitas comenzaron de forma experimental los días 12 y 13 de septiembre de 2026. Los grupos se han limitado a un máximo de 15 personas para poder evaluar el impacto de la presencia humana sobre unas pinturas y mosaicos especialmente delicados. Entre los factores que deben vigilarse se encuentran las variaciones ambientales y de humedad que provoca la entrada continuada de visitantes en un espacio subterráneo.

Para quien visite Roma después de la publicación de este artículo hay una fecha importante. A partir del 2 de octubre, las visitas están programadas de viernes a domingo. Se han establecido seis turnos diarios, a las 10:00, 11:00, 12:00, 13:00, 14:00 y 15:00, siempre con un máximo de 15 participantes por turno.

El modelo convierte la propia apertura en una experiencia de conservación preventiva: primero estudiar cómo responde el patrimonio y después determinar hasta dónde puede ampliarse su acceso.

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La recuperación de estos espacios de las Termas de Trajano no suma simplemente otra visita al inmenso mapa arqueológico de la capital italiana. Permite comprender algo mucho más profundo sobre Roma: cada transformación de la ciudad fue construyéndose sobre las anteriores.

La Ciudad Pintada, el Gran Mosaico y los edificios que los albergaron quedaron integrados bajo el gran proyecto imperial de Trajano. Casi dos mil años después, vuelven a ser visibles sin dejar de plantear nuevos interrogantes.

Porque abrir el patrimonio también significa decidir cómo conservarlo. Y quizá ahí esté el verdadero valor de esta intervención: hacer accesible una nueva capa de la historia de Roma sin olvidar que su supervivencia dependerá de cómo decidamos visitarla.

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