Para un músico, escuchar no es solo oír. Es distinguir timbres, controlar dinámicas, afinar, anticipar una entrada y reconocer matices mínimos. Sin embargo, la salud auditiva de los músicos sigue siendo un riesgo profesional poco visible. Acúfenos, hiperacusia o pérdida auditiva pueden aparecer tras años de exposición y afectar directamente a la manera de trabajar.

La exposición continuada a niveles sonoros elevados puede producir daño auditivo independientemente de que aquello que llegue al oído sea ruido industrial o una sinfonía. El Instituto Nacional de Seguridad y Salud en el Trabajo (INSST) recuerda que el riesgo depende fundamentalmente del nivel sonoro y del tiempo de exposición, no del valor artístico del sonido.

Y el problema no se reduce a quedarse sordo. En músicos se han descrito hipoacusia, tinnitus o acúfenos, hiperacusia, distorsión del sonido y diploacusia, una alteración que puede hacer que una misma frecuencia sea percibida de forma diferente por cada oído.

Una revisión científica publicada en 2025, que analizó 79 estudios sobre pérdida auditiva en músicos, confirma la existencia del riesgo, aunque advierte de una enorme variabilidad entre investigaciones. Las prevalencias encontradas cambian según edad, instrumento, género musical, años de exposición y criterios diagnósticos, por lo que no existe un porcentaje único aplicable a todos los profesionales.

La cuestión no es únicamente cuánto volumen soporta un músico durante un concierto. Ensayos, práctica individual, pruebas de sonido, actuaciones y otras exposiciones se van acumulando. Para una profesión que depende de una percepción sonora precisa, proteger la audición forma parte también de proteger la herramienta de trabajo.

Acúfenos, hiperacusia y pérdida auditiva: qué sabemos

En España existe una investigación especialmente reveladora. El INSST estudió a 552 músicos profesionales de orquestas sinfónicas y encontró que el 27,5 % declaraba dificultades para seguir una conversación normal. Entre los 529 músicos cuya audición había sido revisada, aproximadamente el 34 % señaló que en la última revisión médica le habían detectado alguna pérdida auditiva.

Los acúfenos tampoco eran excepcionales: un 26 % indicó sufrirlos al menos ocasionalmente. Más de un tercio manifestó hiperacusia con cierta frecuencia; también aparecieron casos de distorsión y diploacusia. El propio informe pide cautela al interpretar algunos de estos porcentajes debido a la falta de respuesta en determinadas preguntas.

La exposición tampoco es igual para todos. Instrumento, posición, repertorio y espacio modifican la carga sonora. El INSST recoge niveles especialmente elevados en metales y percusión y señala que los instrumentistas de cuerda pueden presentar exposiciones asimétricas por la posición del instrumento.

Incluso una audiometría convencional normal no descarta necesariamente todos los problemas. Un estudio clínico de 2021 encontró en músicos con tinnitus y audiograma normal una posible relación con pérdida en frecuencias altas y alteraciones en emisiones otoacústicas.

¿Qué señales justifican revisar la audición?

Uno de los problemas del daño inducido por sonido es que puede desarrollarse gradualmente. El National Institute on Deafness and Other Communication Disorders (NIDCD) explica que los cambios pueden pasar inadvertidos al principio y que, con el tiempo, los sonidos pueden percibirse amortiguados o distorsionados. La exposición a ruido intenso también está estrechamente relacionada con el tinnitus.

Para un músico, conviene solicitar valoración profesional si aparecen cambios auditivos persistentes, especialmente:

    • tinnitus o acúfenos recurrentes o persistentes;
    • percepción del sonido amortiguada o distorsionada;
    • dificultad creciente para comprender el habla;
    • hipersensibilidad importante a los sonidos;
    • diferencias persistentes entre un oído y otro.

Estas señales no permiten realizar un autodiagnóstico. Son motivos para consultar con profesionales de otorrinolaringología o audiología y explicarles además el tipo y duración de la exposición musical.

Hay situaciones que requieren especial atención. La guía clínica NICE recomienda una valoración en menos de 24 horas cuando el tinnitus aparece acompañado de una pérdida auditiva súbita desarrollada en tres días o menos durante los 30 días anteriores. También contempla evaluación especializada ante tinnitus unilateral persistente, tinnitus pulsátil o pérdida auditiva asimétrica, entre otros supuestos.

Prevenir sin dejar de escuchar lo que necesitas tocar

Aquí aparece la dificultad específica de esta profesión. Decir simplemente “usa tapones” ignora que un intérprete necesita escuchar su instrumento, al conjunto y la dinámica con gran precisión.

El propio estudio del INSST encontró que los principales inconvenientes señalados por músicos que utilizaban protección eran precisamente la dificultad para escuchar su propia interpretación, escuchar al resto del conjunto y la incomodidad. Solo alrededor del 28 % de los músicos profesionales encuestados afirmaba utilizarlos.

Por eso, la prevención debe empezar antes. Las recomendaciones técnicas del INSST incluyen medidas como:

    • evaluar realmente los niveles de exposición;
    • mejorar el acondicionamiento acústico;
    • revisar la posición y distancia entre intérpretes;
    • utilizar tarimas o pantallas acústicas cuando su evaluación técnica lo aconseje;
    • organizar pausas y tiempos de exposición;
    • considerar el nivel sonoro al planificar ensayos y repertorio.

Los protectores específicos para músicos pueden formar parte de esa estrategia cuando resulten necesarios, pero no constituyen una solución idéntica para todos los intérpretes ni para todas las situaciones. Existen modelos diseñados para proporcionar una atenuación más uniforme entre frecuencias, pero deben elegirse y ajustarse teniendo en cuenta la exposición y las necesidades musicales. El INSST señala además que la adaptación puede requerir tiempo.

Lo mismo ocurre con los in-ear monitors: pueden facilitar el control del escenario, pero no deben confundirse automáticamente con protección auditiva. Su nivel de salida también debe controlarse.

La Organización Mundial de la Salud resume el principio esencial mediante la idea de dosis sonora: cuanto más elevado es el nivel, menor debe ser el tiempo de exposición. Como referencia de escucha segura, la OMS sitúa 80 dB en unas 40 horas semanales; al aumentar el volumen, el tiempo admisible disminuye rápidamente.

Cuidar la audición de un músico no consiste en aislarlo del sonido que necesita para trabajar. Consiste en conocer su exposición, mejorar las condiciones acústicas y organizativas y encontrar soluciones compatibles con cada instrumento y contexto profesional antes de que el oído obligue a modificar una carrera.

Cuidar el oído también forma parte de la carrera artística

Durante décadas, la formación musical ha enseñado a desarrollar el oído con enorme precisión, pero mucho menos a protegerlo. En la investigación española del INSST, nueve de cada diez músicos profesionales afirmaron que durante sus estudios no habían recibido ninguna asignatura donde se explicasen los riesgos auditivos o su prevención.

Cambiar esa cultura significa dejar de considerar los pitidos después de un concierto, la dificultad para escuchar o la sensibilidad anormal al sonido como simples inconvenientes del oficio. También significa asumir que la prevención no depende exclusivamente del intérprete: salas, orquestas, promotores y organizaciones pueden intervenir sobre espacios, planificación y exposición.

El oído también es parte del instrumento. Aprender a protegerlo puede ser una de las decisiones más importantes para seguir haciendo música durante muchos años.

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Los problemas auditivos no deberían asumirse como una consecuencia inevitable de hacer música.

Detectar cambios a tiempo, conocer la propia exposición y adoptar medidas preventivas adaptadas a cada contexto puede marcar la diferencia. Para un músico, proteger la audición no es alejarse del sonido: es preservar una de sus herramientas de trabajo más valiosas.

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