Hay una generación de artistas que ha aprendido a hacerlo todo sola: grabar, mezclar, dirigir sus propios vídeos y mantener el hambre encendida. Tempo T.M pertenece a esa especie. Viene del freestyle, del ensayo eterno y del vértigo de internet. Desde el norte, levanta un sonido que se mueve entre el reguetón, el afro y la introspección de quien sabe que su historia apenas comienza.
En su universo no hay pose ni promesas vacías: hay hambre, disciplina y un respeto casi artesanal por la palabra. Tempo habla de esfuerzo, de fe en uno mismo y de la necesidad de encontrar belleza incluso en el error. Desde sus primeros videoclips hasta su próximo proyecto, Yutory (2026), se intuye una evolución que no busca la fórmula del éxito, sino la autenticidad de quien está aprendiendo a vivir de lo que ama.
¿Recuerdas el momento exacto en el que la música dejó de ser un hobby y se convirtió en una necesidad?
Pues fue cuando conocí a un amigo mío, que fue conmigo a clase. Es el que me graba los videoclips hoy en día, o sea, seguimos teniendo esa relación. Caí en clase con él, me enteré de que hacía cosas relacionadas con el vídeo y le gustaba la fotografía. Entonces dije: “¿por qué no le propongo hacer algo guay?”. En ese momento éramos solo compañeros, relación justa, pero nos juntamos, pusimos ideas en común y me animé a hacer mi primer videoclip. Yo ya hacía música antes, pero la subía con una simple imagen, algo poco profesional. Desde ese primer videoclip hasta hoy no he parado.
Vienes del freestyle y las batallas de gallos. ¿Qué te atrapó de esa escena y qué aprendizajes sigues llevando contigo al escribir?
Eso fue hace años, en 2014 o 2015. Me saltó un vídeo en YouTube, de esos que te salen por casualidad, y me quedé viéndolo. Dije: “¿qué será esto?”. Ver a la gente improvisando encima de un escenario me enamoró. Poco a poco empecé a intentarlo en casa con mis colegas; creamos un mini círculo al que nos gustaba a todos lo mismo. Hasta que llegó un punto en el que me cansé y decidí tirar más por la música, pero me sirvió para adentrarme en esa cultura. Eso es lo que recuerdo.
En tus letras hay una mirada muy cuidada hacia la palabra. ¿Qué significa para ti la lírica dentro del género urbano?
Sí. Por ejemplo, uno de mis métodos de grabación muchas veces es tirar un freestyle, y si hay frases que me gustan, las dejo o las acomodo al beat. Es uno de mis métodos de composición, y a día de hoy lo sigo usando.
Háblame un poquito más de esos métodos de composición. Cada artista tiene el suyo: hay quien escribe en papel, otros graban notas de voz, otros improvisan ¿Cómo es tu proceso?
Creo que tengo un poco de todo. Depende mucho de cómo me sienta y de dónde me pille. Ya no uso papel y boli, teniendo un teléfono, es más cómodo, aunque sea triste decirlo. A veces tarareo melodías y luego hago la letra. Otras veces, directamente me pongo el beat sin melodía ni nada, escribo la letra entera y luego la grabo. Depende del momento, de lo que me apetezca y del tipo de canción.
Eres de La Rioja, un lugar no tan asociado a la escena urbana. ¿Cómo influye tu entorno en tu forma de crear o de entender la música?
Como has dicho, aquí hay poca gente que haga música en general. Pero hay un grupo de chavales de Logroño, la capital, que estamos intentando hacer crecer el género desde hace poco. Luego sí que hay más gente que hace rap y así, pero yo estoy más enfocado en lo mío: conocer gente que hace mi rollo e intentar levantar una escena aquí, que ya toca.
¿Cómo recuerdas tus primeros pasos grabando? ¿Qué sentiste al pasar del micro improvisado al estudio real?
Empecé grabándome, mezclándome y masterizándome yo solo. A día de hoy sigo igual: tengo aquí mi micrófono, mis altavoces y mi tarjeta de sonido. Llevo seis o siete años aprendiendo día a día, a base de prueba y error. Ahora estoy empezando a colaborar con algún productor, pero en principio me gusta hacerme todo yo.
Si tuvieras que definir tu sonido actual, ¿en qué punto se encuentra entre el reguetón, el trap y el drill?
Ahora mismo estoy sobre todo haciendo reguetón y afro.
Escuchando tu música parece que bebe mucho de la escena argentina, del Quinto Escalón, de Duki ¿Qué te inspiró de esa generación y qué crees que te conecta con ella?
He estado muy conectado con Argentina, sobre todo cuando salió el Quinto Escalón. Me lo tragué entero. Luego llegó el ascenso de Duki y todo su grupo, y me gustó mucho ese sentimiento de unión. Duki se echó la escena a las espaldas e intentó que todos crecieran juntos. Creo que eso es lo que más me inspira.
Cuando un artista adopta un nombre escénico, normalmente hay una intención detrás. ¿Por qué Tempo T.M?
Creo recordar que fue antes de apuntarme a mi primera o segunda batalla, aquí en el pueblo. Se me daba muy bien hacer doble tempo; era de los pocos que lo hacía. Y como se me daba bien jugar con el beat, como hace Trueno hoy en día, decidí ponerme Tempo. La T y la M son las iniciales de mis apellidos.

Tus primeras canciones, Andamos solos, Bla Bla, Carta al futuro, son casi un manifiesto sobre esfuerzo y fe en uno mismo. ¿Cómo miras hoy a ese primer Tempo T.M?
Lo recuerdo muy sincero, con mucha hambre y muchas ganas de contar lo que sentía en ese momento. Y creo que más pronto que tarde lo voy a retomar.
¿Sientes que has perdido un poco esa sinceridad y esa crudeza de las primeras canciones?
No tanto como perderla, sino que he preferido reservarla para el momento adecuado.
A lo largo de tu trayectoria hay un equilibrio entre amor, desamor y superación. ¿De dónde nacen esas historias: de tu vida o de la observación?
Un poco de todo. Me baso en cosas de mi vida, pero dentro de una misma canción puede haber partes reales, otras inspiradas en amigos o incluso inventadas, pero con un significado real contado de otra forma. Juego con la creatividad y voy poco a poco.
Has probado distintos géneros: del drill al reguetón. ¿Qué buscas cuando cambias de registro?
Busco lo que creo que necesita hoy un artista completo: versatilidad. Quiero desenvolverme bien en cualquier género, para que si el día de mañana colaboro con alguien que hace drill o reguetón, pueda sentirme cómodo.
Tu último single, Báilamelo, suena fresco y veraniego. ¿Qué te inspiró al crearlo y qué querías transmitir?
Me inspiró la nueva ola de afro que ha llegado a España. Es uno de mis referentes ahora mismo. La hice en verano, con ese flow veraniego. Era mi primer afro que decidí sacar porque me parecía que estaba a la altura. Me gusta hacer las cosas bien en todos los géneros.
El videoclip de Báilamelo tiene una estética más producida, filmado en una zona costera. ¿Cuál fue el concepto visual que quisiste transmitir?
Mi compañero y yo nos encargamos de la dirección. Siempre ponemos ideas en común. Como la canción era afro y veraniega, dijimos: “vámonos a la costa, que la tenemos a una hora y media”. Queríamos transmitir ese rollo veraniego.
En tus primeros videoclips, Doble cara, A escondidas, Andamos solos, Bla Bla, predominan planos urbanos, chándal, ciudad. ¿Por qué esa estética minimalista?
Era el rollo de la época. Hacíamos lo que podíamos con lo que teníamos, y siempre con ilusión.
El vídeo de Nieve recuerda a las “music sessions” de Bizarrap: ambiente íntimo, cámara cercana. ¿Qué buscabas con esa inspiración visual?
Nos gustaba mucho el concepto y pensamos en combinar ese estilo tipo Bizarrap con escenas de mi primer concierto y algunos ensayos. Nos pareció una buena mezcla y lo hicimos sin más.
Ahora que mencionas tu primer concierto, ¿cómo recuerdas esa experiencia de subirte por primera vez al escenario?
Una pasada. Justo antes de subirme, tenía los nervios a flor de piel, pero en cuanto pasaron los primeros treinta segundos de la primera canción, empecé a disfrutar. Pensaba que no iba a venir nadie y estaba lleno. Escuchar a la gente cantar fue increíble.
Las redes valoran mucho los fragmentos visuales. ¿Piensas en el videoclip como herramienta para viralizar o lo ves como arte que debe sobrevivir por sí mismo?
Un poco de ambas. Los videoclips los hacemos pensando en YouTube y en crear una historia, pero también adaptamos fragmentos para Instagram o TikTok. Intentamos generar contenido más original, no solo subir el videoclip y ya.
¿Qué vídeo de todos los que has hecho consideras que mejor representa tu concepto artístico actual?
1000 motivos. Creo que es el que mejor equilibra vídeo y canción.
En un momento donde las redes lo mueven todo, ¿piensas en la viralidad cuando compones o dejas que la canción fluya?
Tengo la suerte de hacer el género que quiero y que además está sonando. Cualquier artista emergente intenta buscar la viralidad, sea por TikTok o por otra vía. Al final trabajamos para intentar vivir de esto. Así que, más que en el género, pienso en el contenido que creo alrededor de la música.
Has anunciado que en 2026 sacarás tu primer proyecto. ¿Qué puedes adelantarnos de esa nueva etapa?
Van a ser varios géneros. Y te voy a decir el título: Yutori. Investiga lo que significa.
¿Tienes previsto presentarte en directo próximamente o estás centrado en el estudio?
Fecha concreta no tengo, pero a principios de 2026 habrá dos o tres conciertos.
Después de más de veinte canciones y múltiples videoclips, ¿qué has aprendido de este camino como artista independiente?
Sobre todo, que no puedes ir a lo loco. Al principio íbamos a grabar a cualquier sitio sin planificar, y hay que llevar las cosas preparadas y meditadas para que todo salga bien.
¿Qué te mantiene firme cuando la industria se vuelve exigente o injusta con los nuevos talentos?
El hambre. Si quieres algo, nadie te lo va a regalar. Tienes que buscártelo y alimentar esas ganas.
Si pudieras hablar con el Álex de 2020, el que subió su primera canción, ¿qué consejo le darías?
Que no escuche el ruido externo que quiere hacerle mal, y que se centre al cien por cien en lo que le hace feliz: hacer música.
¿Hay algún género o sonido que aún no hayas explorado y te intrigue probar?
Sí, quizá algo más clásico, como boleros o alguna ranchera.
¿Qué te gustaría que transmitieran tus canciones al público que te escucha?
Más que transmitir algo concreto, me gustaría que les ayuden en sus vidas. Cada canción tiene un sentimiento, pero con que conecten con ella y les sirva para superar algo o sentirse mejor, ya me doy por satisfecho.

¿Quiénes son tus referentes musicales?
Tengo muchos: Duki, Ysy A, Quevedo, Saiko, Anuel en cierta época, Bad Bunny… y seguro que me dejo a muchísimos.
¿Algún artista con el que te gustaría colaborar?
Te voy a decir uno que veo posible: Soge. Se ha portado muy bien conmigo, ese chaval.
¿Qué consejo le darías a artistas que, como tú, están emergiendo en la escena musical?
El mismo que me daría a mí mismo: que no escuchen el ruido externo. Siempre habrá gente que intente quitarte mérito o decirte que no sirves. A mí tampoco se me daba bien al principio, pero seguí, pico y pala, y hoy en día considero que tengo un buen producto y hago lo que me hace feliz. Eso es lo importante.
Hay artistas que confían en la suerte y otros que confían en el tiempo. Tempo T.M pertenece a los segundos. En su forma de hablar hay una calma extraña, una especie de madurez que viene de haberse hecho solo. No presume, no dramatiza: simplemente insiste. Habla de “hambre”, de “seguir pico y pala”, de no dejar que el ruido te aparte del foco. Esa insistencia tiene algo de resistencia emocional, como si cada canción fuese una manera de no rendirse.
Cuando termina la entrevista, queda la sensación de estar ante alguien que todavía se está descubriendo, pero que ya entiende lo esencial: que el camino importa más que la prisa. “Con que alguien conecte con una canción mía y le ayude en su vida, ya me doy por satisfecho”, dice casi sin darse cuenta de que esa frase resume una ética. No la del éxito, sino la del compromiso. Y en tiempos de inmediatez, eso, quizá, sea lo verdaderamente valiente.

