En una de las calles del Barrio de las Letras, entre fachadas grises y el tránsito cotidiano de turistas y vecinos, hay un pequeño espacio que irrumpe como una sorpresa: luz cálida, colores pastel, ilustraciones que trepan por las paredes y un buzón amarillo esperando historias. Ese lugar es Postal y Tinta, el proyecto de los ilustradores Camilo y Victoria, un taller abierto donde la creación sucede a la vista de quienes cruzan la puerta.

Desde allí producen postales, grabados y pequeñas piezas gráficas donde conviven múltiples universos visuales: desde replicas de cuadros del Prado hasta escenas cotidianas de Madrid transformadas en imágenes íntimas y reconocibles. Su apuesta no es solo estética: también es una forma de entender el arte como oficio, comunidad y encuentro con el público.

En esta conversación hablan del origen del proyecto, del valor de lo artesanal en una era digital y de cómo un objeto tan pequeño como una postal puede convertirse en un puente entre la ciudad, la memoria y quienes la habitan.

En la conversación participan Camilo (C) y Victoria (V), creadores del proyecto Postal y Tinta.

Para comenzar, ¿podríais presentarnos quiénes sois, cómo os conocisteis y qué os llevó a crear Postal y Tinta?

V: Claro. Yo soy Victoria, soy ilustradora digital y también antropóloga. Conocí a Camilo en Barcelona, en un mercado, y desde siempre nuestra relación ha estado muy basada en el arte y en crear un proyecto juntos a lo largo de los años.

Cuando vinimos a vivir aquí, a Madrid, los dos sentimos esa necesidad, como artistas, de tener un taller donde poder crear nuestra propia obra. Después de darle muchas vueltas y de tener muchos proyectos en mente, se nos ocurrió que podíamos hacer lo que queríamos como artistas a través de la postal.

Al final es un formato artístico pequeño, versátil, asequible, que permite crear una obra de ilustración digital que pueda estar al alcance del barrio y de todo tipo de públicos. También funciona como souvenir turístico. Entonces esa facilidad de poder vender tu propia obra a través de la postal fue lo que nos llevó a desarrollarlo.

C: Yo soy Camilo, soy chileno. Me vine a vivir a España en 2020. Soy ilustrador y grabador aquí en la tienda.

Este espacio surge también de la necesidad que sentimos al llegar a Madrid: ver que, después del covid, y en general, no había muchos espacios donde poder, por así decirlo, hacerse un huequito dentro de lo que sería la industria del arte en la ciudad.

Entonces nace un poco de esa búsqueda: crear un pequeño espacio donde poder trabajar con nuestra obra y, al mismo tiempo, que fuera también un lugar de exposición y de venta.

Cuando alguien cruza la puerta de Postal y Tinta en el Barrio de Las Letras, ¿qué se encuentra? ¿Cómo describiríais el espacio y la experiencia que queréis que viva quien entra?

C: Mucha gente se queda un poco en shock, en el sentido de que hay mucho color, mucha información. Las paredes están bastante saturadas de ilustraciones y, además, al principio la gente entra y como que no ve nada.

Pero a medida que va pasando tiempo dentro de la tienda empieza a descubrir cosas. Es una tienda pequeña, no hay mucho espacio, pero está tan llena de cosas que cada rincón tiene algo. La gente tarda un poco en poder apreciar todo lo que hay.

Incluso el taller está a la vista, pero hasta que no hablamos con las personas y les decimos “mira, aquí tenemos el taller”, muchas veces no se dan cuenta. Entonces se quedan como: “ah, ¿que tenéis taller?”.

Yo creo que la impresión que se lleva la gente cuando entra es una especie de sobredosis visual. También salimos un poco de lo que vendría siendo una tienda de ilustración o una concept store, que sería lo más parecido a nuestro proyecto.

V: Además, las postales suelen estar expuestas de una forma más industrial muchas veces.

C: O más ceñida a lo que demanda el mercado. Aquí, en nuestro caso, la exposición que hay delante está ceñida cien por cien al poco espacio que tenemos. Entonces no sigue la lógica de ordenar los productos para que la gente los vea con facilidad, sino que simplemente están dispuestos aprovechando el espacio al máximo.

V: Además yo creo que el espacio pequeño le da un plus. El otro día, por ejemplo, estaba pasando por la calle y me di cuenta un poco de eso.

En el día a día no soy consciente de cómo es mi tienda, porque estoy entrando y saliendo constantemente. Pero cuando sales y lo ves desde fuera dices: “wow”. Ves toda la calle gris, gris, gris… y de pronto aparece algo que sobresale, con luz cálida, muchos verdes, un cartel de madera y el buzón amarillo de Correos en la puerta.

Entonces de repente te sorprende ver algo tan fantasía.

Eso hace que cuando entras también tengas una sensación de acogimiento, algo un poco fantástico, con muchos colores pastel y también colores muy vivos.

Fotografía de archivo, fachada Postal y Tinta.

Kid Chocolate

Vuestra tienda no es solo un punto de venta, es también un espacio de creación. ¿Qué significa para vosotros que el lugar donde se vende la obra sea también el lugar donde se produce?

C y V: Lo es todo.

C: Es curioso porque normalmente un artista, cuando piensa en su taller, suele imaginar un espacio cerrado, protegido del mundo, donde estás tranquilo y aislado para poder tener calma durante el proceso creativo.

Aquí es un poco lo contrario. Es un taller abierto. No abierto en el sentido de que cualquiera pueda entrar, pero sí en el sentido de que cualquiera puede mirar. Entonces tú estás trabajando y la gente que está comprando se queda un rato mirando, te hacen fotos… es un poco como un show cooking. Como esos restaurantes con la cocina abierta donde puedes ver cómo están trabajando.

Tiene su lado bueno y su lado malo.

El lado bueno es la gente. La gente se asombra con lo que estás haciendo y eso te motiva muchísimo. Estás aquí con las manos entintadas y de repente alguien se queda mirando fijamente. Le sonríes, le enseñas lo que estás haciendo, lo invitas a pasar al taller y para esa persona es una experiencia magnífica, muy enriquecedora. Eso te contagia y te quedas con esa sensación de “qué bonito mi trabajo, qué bonito lo que estoy haciendo con otras personas”.

Pero también tiene lo malo, que es que tu proceso creativo se interrumpe constantemente. Se ve influenciado por otras ideas o las ideas no surgen de una forma tan natural como te gustaría.

V: O no puedes aplicarte todo el tiempo, porque también estás atendiendo al público.

Supongo que anteriormente habéis tenido un tipo de taller “más convencional”, es decir, no tan abierto al público. ¿Os habéis tenido que adaptar a este nuevo concepto de taller? Y me gustaría saber si tenéis algún consejo para otros artistas que quizá se estén enfrentando a esto.

V: Nuestro primer taller estaba realmente en casa. Vivíamos juntos y teníamos un laboratorio fotográfico en casa. Una de las habitaciones era un espacio de escritorio con impresora y zona de trabajo de ilustración.

Entonces no tuvimos que compartir un coworking, que imagino que también tiene sus dificultades. Todo nació ya desde un espacio muy íntimo y privado donde podíamos tener libertad creativa y estar hasta las cinco de la mañana trabajando. Para mí eso es muy importante en el momento creativo: poder tener acceso a tu espacio de trabajo o laboratorio cuando quieras.

También es verdad que en algún momento buscamos talleres de coworking y eran muy difíciles de encontrar. Recuerdo que fuimos a visitar un espacio donde te alquilaban la mitad del taller por un precio desorbitado, y era de lo más barato que habíamos encontrado. Ahí te das cuenta de que en una gran ciudad todo se complica con lo que ya conlleva la sociedad: los precios altos, la dificultad de emprender, la dificultad de vivir. Creo que tuvimos muchas ventajas, pero una de ellas fue haber podido empezar el proyecto en casa. Poder crear la semilla en un lugar que no tenía tanto coste extra.

Como consejo, o más bien como reflexión para otras personas que quieran emprender un proyecto artístico, creo que se olvida mucho que estos procesos son muy importantes cuando los haces acompañado y con apoyo. Emprender un proyecto creativo en solitario, por ejemplo siendo ilustradora en tu casa, puedes hacerlo, pero te lleva mucho tiempo, muchos años de picar piedra para que una agencia de ilustración te tenga en cuenta. Es un trabajo muy solitario.

Yo creo que nosotros nos saltamos una gran parte de esa carrera de fondo que muchos artistas tienen que hacer. Decidimos abrir un local a pie de calle, que obviamente cuesta tiempo, dinero, espacio y materiales, pero si tienes apoyo es más fácil. Trabajar en equipo hace que puedas saltarte años y años de intentar conseguir reconocimiento. Y realmente puedes trabajar esto como un oficio. Nosotros teníamos mucho potencial técnico porque llevamos toda la vida dibujando y conociendo técnicas artísticas, pero encontrar visibilidad es clave hoy en día. Tener claro que podíamos crear y vender al momento lo cambió todo.

Ya no necesitas enviar mails a agencias, ni a galerías, ni hacer exposiciones constantemente, ni contactar con prensa o agencias de publicidad. Todo ese camino que muchas veces te dicen que tiene que seguir un artista, nosotros no hemos tenido que hacerlo.

C: Yo he pasado por todo ese proceso antes de venir a España. He pasado por la mayoría de formas de crear posibles: tener tu propio taller, compartirlo, trabajar en distintos espacios.

Pero para mí lo más importante es no cerrarse a una idea. No decir: “yo tengo que tener esto, esto y esto para poder crear tranquilo” o “tengo que tener esto para poder trabajar o triunfar”. Creo que no está ahí la clave. La clave está en ser flexible y adaptativo a las herramientas que tienes, a lo que dispones y a lo que te va llegando. Al final eso es lo que va a definir cómo y cuándo se va a relacionar tu obra con las personas. Ya no solo a nivel creativo o con otros artistas, sino con el público. Cómo se va a relacionar tu trabajo con la gente a la que quieres llegar. Eso es lo que va a determinar realmente cómo vas a trabajar.

¿Crees que muchos artistas no se hacen esa pregunta: cómo se relaciona mi trabajo con las personas?

C: Sí, totalmente. Yo ahora, mirando hacia atrás, lo veo clarísimo. Lo veo en mí mismo y también en otras personas.

Muchas veces estás en la idea de “yo quiero hacer esto y ya está”. No estás abierto a que quizá tu obra tú quieres que vaya hacia un sitio, pero por tendencia o por naturalidad termina yendo hacia otro. Tú quieres que tu obra llegue a cierto tipo de personas, pero a lo mejor termina llegando a otras. Y no tienes control sobre eso. Si te mantienes rígido, diciendo “no, yo quiero esto y solo esto”, te impides llegar a lugares donde quizá nunca habías pensado que ibas a llegar.

V: Yo creo que eso también tiene que ver con la idea de artista y de arte que tenemos culturalmente.

Muchas veces no se ve como un oficio o como un trabajo. Nosotros teníamos bastante claro que nos estábamos dedicando a un oficio. Al final lo que hacemos es nuestro trabajo. No es simplemente un proceso creativo que aparece de repente y ya está.

C: Sí, es ser consciente de que este es mi trabajo.

V: Exacto. Que hay que trabajar. Que realmente hay que dedicarle tiempo.

C: Lo típico es que entras a estudiar Bellas Artes y tu objetivo es exponer en un museo. Y a lo mejor sí llegas ahí, pero no de la forma directa que imaginabas.

A lo mejor llegas por un camino completamente distinto, algo que no esperabas.

V: Y es creando. Crear significa dedicarle tiempo todos los días. Ocho horas al día, mínimo.

Está muy distorsionada la idea del arte, como si un día te llega una idea y la desarrollas y ya está. Por ejemplo, mi hermano tiene una hija, mi sobrina, a la que le gusta mucho dibujar. Y cuando piensa qué estudiar, le dicen diseño gráfico porque “tiene más salida laboral”.

Entonces parece que el diseño gráfico sí es un trabajo, pero dedicarse al arte es otra cosa, como si fuera solo un momento creativo del que no se va a vivir. Y no es así.

Fotografía de archivo, interior de la tienda.

ARTISTING

Antes de entrar en lo técnico, me interesa entender vuestra mirada artística. ¿Cómo definiríais el universo visual de Postal y Tinta? ¿Qué temas o narrativas atraviesan vuestro trabajo?

C: Yo creo que no lo puedo definir como algo completamente concreto porque estamos constantemente probando cosas nuevas: estilos nuevos, temáticas nuevas. Siempre estamos experimentando.

V: Bueno, yo creo que sí hay una temática de fondo que a veces es bastante madrileña, y eso es quizá lo más destacable.

C: Sí, se decanta hacia vivir la ciudad. Es como vivir Madrid desde un punto de vista muy observador.

V: Desde la mirada de una persona que vive aquí, no de alguien que está solo de paso. Es más costumbrista.

Es un poco nuestra experiencia como personas que no somos de Madrid y que hemos venido a vivir aquí. Reflejamos cómo se palpa la ciudad desde dentro, y lo vamos expresando también en las imágenes. Por un lado, para que la persona que viene de fuera encuentre una obra que tiene que ver con la ciudad pero que no es la típica imagen industrial o turística. Y por otro lado, para que la persona que vive aquí, que para nosotros es la parte más importante, se sienta identificada con la obra, porque habla de su vida y de su día a día.

C: Claro, es valorar cosas que tienes delante todos los días y a las que normalmente no les das importancia hasta que alguien te dice: “mira, esto es bonito”.

V: También es cierto que cada uno de nosotros tiene muchos estilos. La gente entra y dice: “¿pero estos son solo dos artistas?”, porque ven diferentes líneas, colores y formas.

C: Claro, al final como no estamos en ninguna agencia ni seguimos una línea editorial fija, podemos hacer lo que queramos.

Hoy puedo hacer algo más realista, mañana algo más retro, otro día algo más cómic o algo más pictórico. Entonces el catálogo termina siendo amplio y variado.

V: De hecho hay una zona más en blanco y negro con linograbados que son réplicas de obras del Prado.

C: Y también pasa que a veces llegas con una idea porque te apetece muchísimo hacer algo, sin pensar si se va a vender o no. Lo haces simplemente porque te apetece.

El tener el taller propio es una gran ventaja para eso. Puedes dedicar parte del tiempo a algo que quizá no se venda, pero que quieres hacer. Y también hay días en los que piensas: “voy a hacer esto porque sé que se va a vender seguro”. Y haces algo que quizá no es lo que más te interesa creativamente, pero que compensa.

Además, como tenéis el taller, supongo que es una gran ventaja poder sacar una o dos copias y ver la salida que tienen sin exponeros a grandes pérdidas.

C: Claro. Producimos todo nosotros y tenemos un stock bastante pequeño para no imprimir doscientas mil copias y luego tener pérdidas si algo no se vende.

V: Y también porque no tenemos mucho espacio.

C: Sí, eso también. Y además todo esto no lo sabíamos desde el principio, no estaba planificado.

No pensamos: “vamos a trabajar con poco stock para ahorrar aquí o ganar esto”. Son cosas que han ido surgiendo de forma natural.

Hemos ido aprendiendo poco a poco según el espacio que tenemos y según el público que viene.

Por eso hablaba antes de la importancia de no ser rígido. Tú al principio tienes una idea, pero luego el tiempo, el espacio y la comunidad te dicen otra cosa.

Claro, al tener el taller abierto también estaréis aprendiendo mucho sobre cómo vuestra obra dialoga con el público: lo que se vende, lo que no.

C: Claro. Eso nos permite también darnos caprichos. Podemos hacer una obra que nos apetece muchísimo hacer, que nos ha surgido de repente, sin saber si se va a vender o no.

Porque quizá no es algo de gusto general. Pero podemos compensarlo con otras cosas que sabemos que sí se venden mucho. Entonces hay bastante libertad, y eso se agradece mucho cuando tienes el taller directamente dentro de la tienda.

Fotografía de archivo, postal copia de linograbado.

ARTISTING

Hablemos del taller. ¿Cómo está organizado físicamente y cómo se estructura vuestro proceso de trabajo dentro de él? ¿Trabajáis por series, por encargos, tenéis rutinas de producción?

V: El taller lo tenemos principalmente enfocado al linograbado. Tenemos un tórculo aquí detrás, un tórculo mediano, mediano-pequeño, con el que podemos hacer obra hasta tamaño superdin A3, que ya es bastante grande.

Tenemos una zona de mesa donde trabajamos el linograbado: el momento creativo de pensar qué vas a hacer, hacer los dibujos y luego pasar a la parte de entintado. Después hay una parte que se mezcla un poco con el taller y es la impresión digital.

C: Que es donde imprimimos las postales.

V: Y luego esa parte continúa hacia la zona de delante, donde ahora mismo, por ejemplo, nuestra compañera está cortando las postales digitales.

C: Y también está la parte de la cocina, que es muy importante para sobrevivir.

V: Sí. Luego está la zona de entintado, una zona de secado… todo está bastante mezclado.

Camilo incluso hizo una polea para el secado, donde colgamos las postales.

C: En la zona de entintado ahora mismo tenemos las tintas tapadas, luego está la impresora, la mesa de trabajo y también un espacio de almacenaje para papeles: tanto obra ya impresa como papel limpio.

También es cierto que todo ha ido tomando forma según lo necesitábamos, según nos dábamos cuenta de que algo funcionaba mejor en un sitio que en otro o en determinado orden.

V: Somos bastante inquietos en ese sentido. Puede que de un mes para otro la tienda haya cambiado otra vez su forma.

Sobre todo el taller. Por ejemplo ahora mismo ya ha cambiado porque necesitábamos una balda de madera y muchas cosas han cambiado de sitio. Siempre está todo en movimiento.

Menos la parte de la tienda. Un día decidimos contratar a alguien que nos la dejara fija y nos hiciera los muebles, y dijimos: bueno, esto ya está bien hecho por alguien que entiende de interiorismo. Pero antes de eso cada mes cambiábamos algo. Igual que tenemos el taller para crear, antes también hacíamos nosotros mismos los muebles: cortábamos madera, atornillábamos…

Entonces todo ha estado siempre en movimiento.

C: Luego, con respecto a la producción, el grabado tarda un par de días en secar. En invierno tarda un poco más y en verano menos.

A mí me gusta también que sea un proceso más estacional. En verano, con días más largos y más calor, puedes producir más. En invierno, con días más fríos y más cortos, a lo mejor toca hacer otras cosas.

Tenemos una zona de secado y, cuando todo está lleno y secándose, te da tiempo a hacer otras cosas mientras tanto. Luego recoges y vuelve a haber espacio para imprimir otra vez. Aunque es un espacio pequeño, nos da un buen ritmo de trabajo.

Normalmente los grabados suelen ser copias limitadas. Por ejemplo, 500 copias firmadas, lo que aumenta el valor de la obra. Un grabado de un artista que no sea muy conocido puede estar entre 250 y 500 euros. Nosotros quisimos plantearlo de otra forma. Pensamos que mucha gente no podría pagar un grabado de 100 euros aunque le gustara mucho.

Entonces encontramos una forma de bajar el precio trabajando por ediciones. Por ejemplo: imprimo un grabado y hago 25 o 50 copias. Esa sería una edición concreta con una fecha de impresión y una composición fija de colores, porque los colores los mezclamos manualmente en el momento de imprimir. Cuando se acaba esa edición, podemos volver a imprimir ese grabado, pero con otra edición diferente: otra fecha, otras cantidades y otros colores.

Eso nos permitió bajar bastante el precio de los grabados.

La gente que viene a la tienda normalmente no es coleccionista. Vienen porque les encanta la imagen y valoran que esté hecha a mano, pero no tanto si es la copia número tres de cincuenta en el mundo. Entonces esta forma de trabajar nos permite bajar los costes de la obra y al mismo tiempo mantener un buen pago por nuestro trabajo.

¿Qué errores o accidentes técnicos han terminado convirtiéndose en parte del resultado final? ¿Hay espacio para la imperfección dentro de vuestra estética?

V: Sí, pasa constantemente. No es algo puntual: cada semana pasa.

C: Lo que suele pasar muchas veces es que haya una palabra mal escrita o una letra al revés. Yo tengo dislexia, entonces las faltas ortográficas en los grabados que tienen texto son bastante comunes.

Pero yo creo que eso también forma parte del encanto de Postal y Tinta.

V: Igual también placas que se han tenido que tirar.

C: Claro, pero cuando son detalles pequeños, como una letra al revés o una palabra mal escrita, tampoco es algo tan grave.

V: A veces incluso las “colamos” diciendo que es una edición especial.

C: Luego están otros errores, por ejemplo cuando la placa queda descalzada y los colores quedan un poco separados, con una línea blanca entre medio.

Eso a la gente le encanta. De hecho es de las cosas que más se valoran porque, en la era en la que estamos ahora, con la inteligencia artificial y todo hecho perfecto, ese pequeño error te está diciendo que esto está hecho a mano.

V: También ha hecho que nuestro trabajo no sea tan puro o tan limpio. Cuidamos el producto, pero no con una precisión extrema.

Eso nos permite trabajar más rápido, con más dinamismo. A veces queda una obra un poco más desordenada y dices: “qué gracia tiene esto”.

C: Sí, yo creo que eso es parte de nuestra identidad.

V: Sobre todo pasa más en la parte de linograbado.

C: Sí, con el linograbado pasa mucho. Puede que el entintado no quede perfecto, que aparezcan manchas o zonas donde falta tinta.

Y tú piensas: “esto ha quedado mal”. Pero luego llega alguien y le encanta.

Entonces hemos aprendido mucho de esa relación con el público.

V: Sí. Muchas veces cuando tenemos gente de prácticas en el taller dicen: “ha quedado mal impreso”. Y nosotros les decimos: “tira, tira, porque luego se vende”.

Ya hemos entendido que no hace falta tanto perfeccionismo.

C: Por lo menos con nuestro público no.

Fotografía de archivo, el taller.

Voces de 1912

En un momento en el que la impresión digital permite producir rápido y barato, vosotros defendéis un trabajo slow y artesanal. ¿Qué beneficios os da trabajar de esta forma?

C: Principalmente libertad creativa. El hecho de que nosotros produzcamos e imprimamos nuestra propia obra, aunque sea digital, nos da libertad.

Por ejemplo, no tenemos que mandar a imprimir mil copias de una imagen. Entonces no tenemos esa presión de pensar demasiado cada ilustración antes de producirla. Podemos hacer un dibujo, probar, ver cómo queda, ver si los colores funcionan o si hay detalles que no se ven bien. Toda esa libertad de poder probar es muy importante.

V: Y cuidar el resultado final.

C: Claro. Podemos decir: “vale, ahora sí, ya quedó como queríamos”. Y entonces imprimimos.

V: A mí me pasó hace poco con una ilustración para un evento que se imprimía en otro sitio. Cuando recibí la postal me di cuenta de que estaba mal cortada, que faltaba un trozo de la imagen. Los colores tampoco correspondían con lo que yo veía en pantalla. Eso es algo que nosotros sí podemos controlar cuando producimos aquí. Al final, cuando produces tu propio producto no dependes de terceras personas.

Aquí todo el proceso lo hacemos nosotros.

C: Y eso también nos permite bajar el precio de la obra. No es lo mismo tener que mandar a imprimir mil postales y pagar ese coste, que imprimir nosotros mismos según lo que necesitamos.

V: Al final controlamos todos los parámetros. Sabemos cuánto cuesta cada material, cuánto tiempo lleva hacerlo.

Eso nos permite bajar el precio de la obra y hacerla más accesible.

C: Quizá invertimos más tiempo trabajando así, pero permite que la gente pueda comprar la obra.

V: Ahí está el “slow”. Al final es nuestro tiempo.

A lo mejor tenemos que dedicar dos horas más a cortar las piezas nosotros mismos, en lugar de que lo haga una guillotina industrial en una empresa, pero es parte de nuestro proceso.

¿Cómo decidís cuándo una obra está lista para el público?

C: Yo creo que es el público quien lo termina. Porque si fuera por mí seguiría agregando cosas, cambiando detalles una y otra vez.

Creo que hay dos enfoques: crear para ti o crear para otras personas. Cuando creas para otras personas, al final son ellas las que te dicen cuándo algo está listo. Aquí la gente no suele decirnos directamente “a esta postal le falta esto o aquello”, pero lo vemos en otras cosas: si gusta, si no gusta, qué tan rápido se vende o qué comentarios hace la gente.

A partir de ahí vas viendo cómo funciona la obra.

V: Y también hacemos modificaciones. Por ejemplo, quitar un fondo, cambiar un color… y de repente se vende más.

C: Claro. Además, el propio proceso de impresión también te dice cosas. A veces una textura que has añadido no se ve bien cuando se imprime, o un color no funciona como pensabas. Entonces vuelves a trabajar sobre la imagen, cambias colores o ajustas detalles.

Yo creo que al final es una mezcla entre lo que dice la gente, lo que te dice el propio proceso de impresión y lo que tú quieres hacer también.

Actualmente, sobre todo en grandes ciudades como Madrid, está muy de moda volver a conectar con lo artesanal. Por ejemplo, mucha gente empieza a aprender cerámica. ¿Vosotros impartís algún tipo de taller?

C: Sí. Al principio, cuando abrimos, teníamos talleres de forma más frecuente dentro de la programación de la tienda.

V: Incluso durante un año tuvimos clases regulares cada semana.

C: Pero con el tiempo nos dimos cuenta de que nos quitaban más de lo que nos aportaban. Nos consumían mucho tiempo, muchos recursos y mucho espacio dentro del taller. Y nos dejaban poco tiempo para producir y para alimentar la tienda con obra nueva. Entonces decidimos dejar de hacerlos de forma regular.

V: Nos dimos cuenta de que simplemente centrándonos en producir ya estábamos haciendo muchísimo trabajo. Intentar abarcar todo no era productivo ni bueno.

C: Además todo el mundo te dice cosas como: “deberíais dar clases de esto”.

V: Y entonces te preguntas: ¿realmente me hace falta?

C: Claro. Te preguntas si realmente lo quieres hacer.

V: Además los dos somos un poco tímidos, así que impartir talleres no es algo que nos entusiasme especialmente.

C: A mí sí me gusta dar clase, pero me sobrepasa.

V: Claro, luego cuando lo haces lo disfrutas, pero toda la preparación y los nervios que implica… para alguien a quien le cuesta hablar delante de mucha gente puede ser complicado.

C: Ahora lo que hacemos es que, de vez en cuando, cuando hay mucha gente que nos lo pide, organizamos algún taller.

V: Sí, estamos intentando definir mejor cómo hacerlo. Por ejemplo, hacer talleres en una temporada concreta del año, cuando hace buen tiempo, como en primavera.

Podríamos hacerlos en un patio más amplio, con grupos más grandes. Antes los grupos eran de tres o cuatro personas porque aquí dentro no cabe más gente. Pero ahora pensamos que, si lo vamos a hacer, tiene que ser algo que podamos disfrutar: un día con sol, en un patio, con un pequeño descanso para café, con diez personas que puedan hablar entre ellas mientras trabajan. Ya no tanto como ofrecer un servicio, sino como algo que nos apetece compartir. Además, poca gente sabe hacer grabado, especialmente en Madrid. Entonces nos gusta compartir el oficio. También porque mucha gente nos lo pregunta.

Y muchas veces, después del taller, nos dicen cosas como: “ahora entiendo por qué cuesta tanto un linograbado”. Porque tallar el linóleo es muy difícil. Y si trabajáramos con madera sería todavía más complicado. Entonces la gente entiende mucho mejor el valor del trabajo que hacemos en el taller cada día.

La idea sería hacer algo así como un sábado al mes durante primavera y parte del verano, quizá cuatro talleres en total.

Vuestro taller no solo produce vuestra propia línea de postales. ¿Está abierto también a encargos y colaboraciones externas? ¿Qué tipo de proyectos os suelen proponer?

C: Nos llega de todo. Desde gente que quiere una imagen especial para regalársela a su pareja, hasta empresas que quieren un producto específico.

También tenemos la libertad de no aceptar todo lo que llega, porque al final nuestra prioridad es la tienda. La prioridad es poder abastecerla.

Entonces depende del proyecto. Al principio sí estábamos en una fase de aceptar todo lo que venía, pero con el tiempo hemos aprendido a decir que no. A decir: “no tengo tiempo para hacerlo”, o “sí puedo hacerlo, pero tendría que cobrar esto”.

A veces alguien quiere una imagen personalizada y piensa que va a pagar lo mismo que cuesta una postal, tres euros. Pero no: hay que cobrar todo el proceso creativo, desarrollar la imagen, imprimirla… y además esa imagen es solo para esa persona, no se puede vender después en la tienda.

V: Alguna vez hemos propuesto hacer algo personalizado pero con la condición de que luego pudiéramos seguir usando esa imagen en la tienda. Pero muchas veces esos proyectos no terminan saliendo.

C: Al final hemos llegado a un punto en el que evaluamos cada encargo: según lo que sea, según el tiempo que tengamos…

V: Según lo grande que sea el proyecto y si el presupuesto es asumible para la otra persona.

Al final tenemos que cobrar el tiempo que dejamos de producir en el taller para abastecer la tienda.

C: También vemos si realmente nos hace ilusión el proyecto y si encaja con nosotros.

V: Alguna vez nos han propuesto cosas que no encajaban con lo que somos. Por ejemplo, en una ocasión nos propusieron trabajar para un festival con Sephora y nos pedían cosas que no tenían nada que ver con nuestra forma de trabajar.

Si te contratan porque les gusta lo artesanal que haces, tienen que entender también cómo trabajas y el tiempo que necesita producirlo. Las grandes empresas muchas veces están acostumbradas a trabajar con tiempos para ayer, y no entienden lo que implica trabajar con un pequeño proyecto que hace las cosas a su ritmo.

C: Saber qué proyectos encajan con nosotros y aprender a decir que no ha sido un gran avance.

Puede sonar contradictorio rechazar proyectos, pero ha sido clave para no quemarnos, no saturarnos y no terminar odiando lo que hacemos.

V: Además tenemos la ventaja de poder seguir trabajando a nuestro ritmo y con nuestro propio proceso creativo. Nosotros decidimos qué dibujar y qué producir.

Luego puede venir alguien y decir: “quiero que me hagas algo”, pero eso no significa que tengamos que hacerlo.

También sorprende la cantidad de encargos que llegan. Hay mucho trabajo en ese sector. A veces me pregunto dónde están los demás ilustradores, porque cuando les digo a algunos clientes que no puedo hacer su encargo me preguntan a quién pueden acudir y muchas veces no sé a quién recomendar. Solo se me ocurre decirles que lo busquen por internet, porque no conozco muchos sitios físicos donde puedas encargar algo personalizado.

Fotografía de archivo, interior de la tienda.

ARTISTING

¿Creéis que esa necesidad inicial de aceptar todo lo que llegaba tiene que ver con la ansiedad de emprender un negocio por primera vez?

C: Sí, totalmente. Al principio lo aceptábamos todo.

Es algo de lo que te das cuenta con el tiempo. Esa ansiedad de pensar “no me da para pagar todo”, “necesito darme a conocer” hace que muchos artistas aceptemos cosas que en realidad no nos corresponden.

V: Al principio hacíamos hasta fotocopias. Ahora tenemos un cartel para recordarle a la gente que no las hacemos.

Parece una tontería, pero una vez vino una señora que necesitaba imprimir un Excel. No le salía bien, había que repetirlo… y yo estaba nerviosa porque tenía el tórculo esperando. Lo que parecía una cosa rápida terminó ocupándome toda la tarde en algo que no es mi trabajo.

Ahí fue cuando dijimos: hasta aquí.

C: Yo lo pienso siempre con un ejemplo: imagina que tienes una pastelería y haces pasteles todos los días.

Si alguien llega y te pregunta si puedes hacerle una mudanza porque tienes una furgoneta, técnicamente podrías hacerlo… pero la pregunta es: ¿es a lo que te quieres dedicar?, ¿es así como quieres usar tu tiempo y tus recursos?

V: Es dejar de hacer pasteles durante una hora para hacer otra cosa.

C: Exacto. Y para las mudanzas ya hay gente que se dedica a eso.

Postal y Tinta no es solo un proyecto artístico, también es un proyecto emprendedor. ¿Qué fue lo más difícil al comenzar: lo económico, lo logístico, lo emocional, lo creativo?

C y V: La burocracia.

C: La burocracia fue, y sigue siendo, una de las cosas más difíciles.

La verdad es que estamos muy agradecidos de haber empezado a trabajar desde el principio con ARTISTING, porque nos quitó un peso enorme de encima. Ese peso sigue existiendo, pero mucho menos.

V: Nos ayudaron muchísimo todo el tiempo.

C: Cuando tienes una idea romántica de “quiero hacer esto para vivir”, no imaginas todos los pasos que hay que seguir para poder hacerlo realidad. No sabes ni por dónde empezar.

Y además, cuando quieres hacer algo nuevo o diferente, muchas veces te encuentras con que el sistema no tiene una categoría para lo que haces. No existe una solicitud que encaje con tu proyecto. No es exactamente una tienda de souvenirs, pero tampoco es solo un taller, ni solo una galería de arte. Entonces te encuentras con limitaciones burocráticas muy frustrantes.

V: Y también está la incertidumbre del principio. Lanzarte y preguntarte si va a funcionar.

De hecho, mucha gente entra a la tienda y te pregunta: “¿esto funciona?, ¿se venden postales?”. Y la respuesta es que sí, funciona.

Pero al principio fue muy duro. Yo tenía urticaria, no dormíamos. El proceso, tanto físico como mental, fue muy intenso. Por eso creo que es muy importante tener apoyo: ya sea familiar, financiero o de inversores.

C: Cuando emprendes un negocio, lo que más inviertes al principio es tu tiempo, tu salud mental y tu salud física.

Y la verdad es que incluso ahora seguimos invirtiendo mucho tiempo y mucho esfuerzo mental y físico para que esto funcione.

V: Además no es fácil entender por qué un negocio funciona y otro no. Nosotros no teníamos ni idea.

Hay negocios que salen adelante casi por inercia, porque les has puesto todo el corazón, pero luego ves a otras personas que también le ponen todo el corazón y no logran que funcione. Creo que muchas veces esas personas están demasiado solas. Nosotros creemos que el éxito tiene mucho que ver con hacerlo acompañado.

C: Y no solo con gente de tu sector. También con el barrio. Con los vecinos, con la cafetería de enfrente, con la tienda de la esquina o incluso con otra tienda similar que esté al otro lado de la ciudad.

Crear esas conexiones es lo que realmente te ayuda a sostener todo esto. Creo que una de las cosas más importantes que hemos hecho ha sido hacer barrio. Conocemos a los vecinos, vamos a comprar café cada día a la cafetería de enfrente… y ese tipo de relaciones hacen que todo sea más llevadero.

V: Y también necesitas ese apoyo en los momentos difíciles, porque en cualquier negocio hay momentos muy duros.

Por ejemplo, nosotros pasamos por uno cuando iban a vender el local. También tuvimos que cambiar todo el branding de la empresa en un momento determinado. Si no tienes a nadie en quien apoyarte, te hundes.

Pero también es importante para los momentos buenos. Cuando ves que algo empieza a funcionar, cuando un día haces una caja muy buena también necesitas a alguien con quien celebrarlo. Vivir todo eso en soledad creo que es muy difícil.

C: Y hoy en día tampoco creo que estemos en una época en la que sea fácil lanzarse a la aventura completamente solo.

¿Qué gratificaciones os ha dado emprender que quizá no habríais encontrado trabajando únicamente por encargo o en otros espacios?

V: Es un sueño poder venir a trabajar a Postal y Tinta.

Dentro de todo lo bonito que tiene trabajar en un proyecto que has creado para ti, también hay cosas difíciles: rutinas que te cansan, momentos en los que tienes que hacer tareas administrativas y no puedes dedicarte a crear.

Pero al final te paras a pensar y dices: estoy aquí, en un lugar precioso, y he superado muchas cosas de mi vida que pensaba que eran muy difíciles. Para mí, por ejemplo, ser autónoma era algo que pensaba que nunca iba a hacer. Y ahora somos una S.L.

A veces te paras a pensar y dices: “¿pero qué he hecho yo?”, sin saber muy bien lo que estaba haciendo, y aun así lo he conseguido.

También hay momentos muy bonitos: cuando vendes una postal que pensabas que quizá no se iba a vender, cuando recibimos un encargo precioso o cuando organizamos una exposición que trae mucha gente a la tienda.

C: Y también las personas que hemos conocido a través de la tienda. Todas las relaciones que se han creado aquí.

V: Incluso hay gente que nos regala cosas.

C: A mí una de las cosas que más ilusión me hace es cuando nos llega una postal de alguien.

A veces es una persona que pasó por la tienda y ya ni me acuerdo de ella, pero de repente llega una postal y pienso: qué bonito.

Creo que lo más valioso que vendemos en la tienda es esa ilusión de recibir una postal que alguien escribió para ti. A veces incluso ocurre que pensabas que Correos la había perdido, que ya no iba a llegar nunca… y aparece cuatro meses después. Es algo muy mágico.

V: Totalmente.

A mí me pasó algo parecido: mandé una postal a un podcast que me gusta mucho. Hice una ilustración de ellos y se la envié. Claro, los programas los graban cuando los graban y nunca sabes cuándo se van a emitir. Yo mandé la postal hace casi un año y ya lo había dado por perdido. Es un podcast de la Cadena SER, y tardan bastante en sacar nuevas temporadas. Un día estaba escuchando episodios antiguos y, de repente, cogí el móvil y vi el vídeo donde aparecía mi postal. Fue como: “jo, qué guay”.

¿Habéis notado un cambio generacional en el tipo de público que compra postales? ¿Quién compra hoy una postal?

C: Yo diría que sobre todo personas jóvenes. La media de edad suele estar entre los 25 y los 45 años.

Uno podría pensar que serían más bien personas mayores, por el recuerdo de cuando se mandaban muchas postales.

V: Sí, pero curiosamente muchas personas mayores desconfían de que llegue. El otro día, por ejemplo, una señora mayor nos dijo algo como: “bueno, mejor lo envío por mail”.

C: La gente más joven lo mira con otros ojos, más desde un filtro estético. Les parece más bonito mandar una postal que enviar un correo o una foto por WhatsApp.

V: En cambio, muchas personas mayores lo ven como algo lento, porque ya se han adaptado a los nuevos tiempos.

También influye que el universo visual de Postal y Tinta llama más la atención a un público joven.

C: No es la típica postal de Madrid con la imagen de la Gran Vía.

Por ejemplo, en Navidad hay gente mayor que entra pensando en comprar los clásicos “christmas” navideños, con las imágenes de siempre. Cuando ven nuestras postales se sorprenden un poco, porque no es lo que esperaban. Algunos se enamoran de ellas, pero muchas veces se van y terminan comprando las típicas.

V: En cambio, alguien de veinte años que no quiere comprar los christmas tradicionales porque no van con su estética sí encuentra aquí una alternativa.

C: Nos pasa mucho eso: las personas mayores que sí tienen la tradición de enviar postales a veces no encuentran aquí lo que esperan de una postal. Aunque siempre hay excepciones.

V: Sobre todo pasa con el público español, sin embargo, la gente mayor extranjera, sobre todo estadounidense o europea, está mucho más acostumbrada a este tipo de objetos cuando viaja. Lo valoran más y entienden mejor el precio.

Porque una persona de sesenta años en España muchas veces no entiende que una postal cueste tres euros, cuando antes costaban cuarenta céntimos. Pero claro, no es el mismo tipo de postal.

La inteligencia artificial está transformando muchas industrias visuales y creativas. ¿Cómo habéis vivido esta transformación? ¿Ha afectado a vuestro trabajo o a la valoración del trabajo artesanal?

C: Esto ya ha pasado otras veces en la historia. Cuando aparece una nueva tecnología siempre se dice que lo anterior ha quedado obsoleto.

Pasó con la fotografía analógica, con el cine, con la impresión digital y ahora pasa con la inteligencia artificial. Yo creo que simplemente es una nueva tecnología al servicio del mercado y de la economía, pero no necesariamente al servicio de las personas. Las personas que realmente valoran las imágenes no buscan un producto generado por IA. Buscan algo hecho con intención.

Puede llegar un momento en que la tecnología sea tan avanzada que te engañe, pero no creo que una cosa vaya a reemplazar completamente a la otra. Los nichos siempre van a seguir existiendo. El problema es que hoy estamos demasiado acostumbrados a mirar el mercado y no tanto a mirar la comunidad.

V: Aun así, sí que nos afecta de alguna forma.

No tanto porque dependamos de encargos, porque ya no son nuestra principal fuente de trabajo, pero sí cuando surge la posibilidad de colaborar con alguna empresa.

Nos pasó hace poco: una empresa quería que hiciéramos ilustraciones para un producto. Les presentamos un presupuesto y lo consideraron muy caro. Al final vimos en Instagram que habían decidido hacerlo con inteligencia artificial. Y te da cierta tristeza, porque en las reuniones habían hablado de lo importante que era para ellos lo artesanal, incluso querían grabar el proceso de creación, habían venido a ver el taller… Pero cuando llegó el momento de decidir, eligieron algo más rápido y más barato.

Y piensas: mi vida no va a cambiar por no hacer ese proyecto, pero sí te queda la sensación de que el trabajo del ilustrador se está sustituyendo por algo artificial.

C: Yo creo que a largo plazo eso también pasará factura a las empresas.

Cuando eliges algo barato solo para ahorrar costes, tarde o temprano lo terminas pagando de alguna forma. Quizá ahora mismo nos molesta perder proyectos por eso, pero creo que en unos años el mercado se regulará.

V: Sí, ahora mismo es lo nuevo.

C: Exacto. Por ejemplo, en los años 2000 hubo un boom de la animación en 3D y parecía que todo tenía que hacerse así. Y ahora estamos viendo un regreso muy fuerte de la animación en 2D.

Puede que al principio la IA parezca un caos o una amenaza absoluta, pero no creo que sea el final de nada. Al final la esencia de lo que se hace termina saliendo a flote.

Mirando hacia adelante, ¿qué metas u horizontes tenéis para Postal y Tinta?

V: Crecer un poquito. Quizá crecer en taller.

C: Para mí crecer significaría poder enfocarme al cien por cien en hacer postales.

Mi objetivo inicial era dibujar, grabar y crear todo el día. Pero cuando tienes un proyecto así te das cuenta de que también tienes que vender, hacer gestiones, encargarte de cuestiones económicas, de la publicidad, del marketing… Hay muchas cosas alrededor. Entonces, si algún día consigo vivir simplemente creando todos los días, para mí eso ya sería un triunfo.

También está lo bonito de hacer comunidad. La idea de no trabajar solo, sino con un equipo. Que el proyecto crezca, que se mantenga y que podamos formar una pequeña comunidad de trabajo cercana, donde vayamos viviendo todo esto juntos.

V: También nos gustaría exportar más nuestra obra a otros espacios. No necesariamente abrir otro local, aunque esa idea también existe, pero sí poder llevar nuestro trabajo a otros lugares.

Por ejemplo, exponer nuestros linograbados en otros sitios. Llevamos años creando obra y quizá ahora toca que esa obra salga de aquí.

C: Exacto, que vaya a otros sitios.

V: Aunque también está la idea de abrir otro local en otro barrio.

Ese espacio podría estar más orientado al trabajo digital, mientras que aquí seguiría el linograbado. Pero sobre todo nos interesa que personas que no pueden venir a Madrid también puedan conocer Postal y Tinta.

¿Qué os gustaría que quedara en la memoria de quienes han pasado por vuestro espacio?

V: A mí me gustaría que quedara el recuerdo de una sorpresa.

Que alguien vaya caminando por la calle y se encuentre, de repente, con un lugar que no esperaba encontrar en la ciudad. Que ese momento le dé vida al día. Que piense: “qué bien haber encontrado Postal y Tinta mientras iba al trabajo”. Que entre, compre una postal para su habitación, para que no sea tan gris, y tenga la sensación de haber descubierto un lugar agradable donde puede disfrutar del arte, aunque no tenga grandes conocimientos sobre él.

Que se lleve algo bonito para sí mismo.

Esa sensación de felicidad que te da encontrar algo especial en medio de la ciudad. Algo que no es la típica tienda que puedes ver en cualquier parte del mundo. Algo que haga pensar: ha valido la pena venir a Madrid.

C: A mí lo que más me gusta es ver cuando alguien conecta contigo a través de algo tan pequeño y frágil como un papel con una imagen.

Cuando alguien te dice: “me llevo esta postal de patatas bravas porque con mi hermano solíamos ir a un bar de aquí a comer patatas bravas, y se la voy a mandar”. En ese momento entras un poco en la vida de esa persona. Formas parte de su historia y esa historia luego se comparte con otras personas.

Eso me parece algo maravilloso.

Es una de las cosas más bonitas de nuestro trabajo: sentir que algo que has hecho tiene un impacto en la vida de alguien. No a nivel económico o comercial, sino como recuerdo, como experiencia. Y creo que eso ocurre porque nuestras imágenes no son genéricas. No son las típicas postales turísticas. Tienen que ver con la experiencia de vivir aquí, de habitar este espacio. Y eso permite que otras personas conecten con ellas porque han vivido cosas parecidas.

Hablar con Victoria y Camilo es descubrir que detrás de Postal y Tinta no hay solo una tienda ni un taller, sino una forma muy concreta de entender el arte. A medida que avanza la conversación, el proyecto se va desplegando con naturalidad: aparecen el oficio, el cuidado por lo artesanal, la relación con el barrio y esa idea de que incluso un objeto pequeño como una postal puede convertirse en un gesto de conexión entre personas.

No hablan de una tienda ni de un negocio: hablan de un lugar donde el arte se practica como oficio, como rutina diaria, como una forma de relacionarse con la ciudad y con las personas que la habitan.

En su discurso aparece una idea que atraviesa toda la conversación: la importancia de lo artesanal en un tiempo dominado por la velocidad. Para ellos trabajar con tinta, papel y tiempo no es una nostalgia romántica, sino una manera consciente de crear. Cada postal nace de un proceso que respeta el ritmo del taller, del grabado, de la prueba y del error. Hay una voluntad clara de devolver al objeto artístico algo que muchas veces se pierde: la huella humana.

Pero quizá lo más revelador de la charla no está solo en su forma de entender el arte, sino en la manera en que lo vinculan con la comunidad. Postal y Tinta no se plantea como un espacio aislado, sino como parte de un barrio, de una red de relaciones cotidianas donde los vecinos, los visitantes y los clientes terminan formando parte del propio proyecto. En sus palabras aparece constantemente esa idea de compartir, de escuchar, de construir algo que va más allá de la obra.

Tras la conversación queda la sensación de que, para ellos, una postal no es solo una imagen impresa en papel. Es una pequeña historia que viaja, un gesto de conexión entre personas, un recordatorio de que incluso en medio del ritmo acelerado de la ciudad todavía hay espacio para detenerse, mirar y enviar algo hecho con tiempo y con cuidado. Y quizá ahí reside la verdadera esencia de Postal y Tinta: en esa forma sencilla y obstinada de recordarnos que el arte también puede ser un acto de encuentro.